POR: LILY ORTIZ
¿El Senado o un circo de tercera? Creo que lo segundo…
Lo que sucedió entre Alejandro “Alito” Moreno y Gerardo Fernández Noroña no solo fue un lamentable episodio de gritos, acusaciones y golpes bajos; fue la confirmación de que nuestro Congreso vive más del espectáculo que de la política. El choque entre ambos no terminó en el salón legislativo: hoy ya se habla de denuncias penales, solicitudes de desafuero y hasta de supuestas amenazas que cada uno atribuye al otro. Un show completo, pero pagado con dinero público, ¡por supuesto!.
Fernández Noroña, fiel a su estilo, asegura tener las manos limpias y se coloca como víctima de un complot político, mientras que Alejandro Moreno se planta con el discurso de que nunca se respetaron los acuerdos previos y que fue esa falta de palabra lo que detonó el conflicto; lo curioso es que, en medio de esta riña de egos, Claudia Sheinbaum tuvo que fijar postura (sinceramente era mejor guardar silencio) y, para rematar, la tarde detonó este jueves en Paseo de la Reforma se vio un mitin que, increíblemente, terminó respaldando a “Alito”, aunque más como un reflejo del hartazgo hacia Noroña y el oficialismo que como una genuina defensa al priista. Ironías de la política mexicana: los “impresentables” se terminan presentando y aceptando más que nunca.
El asunto no es menor; mientras ambos presumen amenazas y se lanzan denuncias mutuas, lo cierto es que el Senado y la Cámara de Diputados se han convertido en lo que muchos mexicanos ya perciben: un espectáculo circense, donde el protagonismo individual pesa más que las reformas de fondo. ¿Dónde quedó el respeto al recinto legislativo? ¿En qué momento se volvió normal que los acuerdos se rompan con insultos y no con argumentos? ¿Donde las mentadas de madre se escuchen más que las propuestas?.
Lo que viene para el segundo periodo de sesiones no pinta mejor: acuerdos rotos, agendas estancadas y una ciudadanía que observa con más desencanto que sorpresa; porque al final, lo que se ventiló en el Senado no es solo un pleito entre Alito y Noroña: es el espejo de una clase política que se ha olvidado de la seriedad, de la responsabilidad y, sobre todo, del respeto a la gente que dicen representar.
Los mexicanos no merecemos legisladores que se comporten como rijosos de barrio. Si la política es el arte de construir, ayer vimos todo lo contrario: un arte de destruir confianza, institucionalidad y credibilidad. Y quizá la pregunta más honesta para reflexionar sea esta: ¿de verdad estos son los políticos que queremos tolerar para los siguientes años?; hoy somos la burla, el señalamiento de una mala política donde se faltó el respeto aún más al recinto legislativo a la cámara alta del país.
Para un pleito se requieren dos; entonces no se vale que ninguno se victimice, y que como Poncho Pilato se quiera lavar las manos haciéndose el mártir; ambas partes fallaron y eso no cambia.
La Palabra del Giocondo
La paradoja Harfuch.Entre los elogios de Washington y el fuego de Michoacán.Por: Alejandro Flores de la Parra.El martes, en...
