El “Diamante” Mijares se sube otra vez al ring… político
Por: Juvenal Rosales Flores
En política nada es casualidad y en Durango mucho menos, por ello, la presencia de Cristian “El Diamante” Mijares en la conferencia matutina entregando los llamados “Guantes de la Paz” a la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, encendió más focos que un evento partidista entre los “laguneros” y morenos de aquella región; ya que no fue solo una postal deportiva; fue un mensaje político cuidadosamente colocado.
El ex campeón mundial no apareció como ex boxeador, sino como embajador del Consejo Mundial de Boxeo dentro del programa internacional “Fight, Fight, Fight”, una estrategia vinculada a la prevención de adicciones, particularmente al combate contra el fentanilo, lo cual permite convertir al deporte en política pública… y la política pública convertida en plataforma territorial.
El proyecto, impulsado por Mauricio Sulaimán y acompañado por el ex agente de la DEA Ricky Herron, encontró eco inmediato en Palacio Nacional, donde el gobierno federal no solo lo avaló; lo adoptó bajo el esquema “Boxeando por la Paz”, donde miles de entrenadores darán clases a jóvenes en todo el país a cambio de un salario.
Ahí aparece la primera lectura política, el programa tendrá presencia territorial permanente y quien lo opere en Durango recorrerá colonias, barrios y los municipios completos sin necesidad de campaña… pero con contacto ciudadano en cada esquina.
Ese operador será Cristian Mijares, no como aspirante (todavía) sino como promotor social, con el pretexto perfecto de la prevención de adicciones, donde el efecto inevitable es el posicionamiento político; recordemos que en política no hay sorpresas, sino sorprendidos.
Mijares ya conoce el terreno electoral, fue dirigente municipal del PRI y candidato del PRI en Gómez Palacio, luego rompió con el tricolor decepcionado y terminó en Morena. En su momento, se dice llegó a medir mejor que algunos morenistas de la laguna de más arraigo en algunas encuestas locales; dando paso a la popularidad deportiva convertida en capital político.
Hoy regresa a escena, pero con algo distinto, el respaldo indirecto del gobierno federal, ya que no es lo mismo recorrer colonias con propaganda que hacerlo con guantes, jóvenes y programas sociales; ahí la narrativa cambia; de candidato a benefactor.
El programa nacional pretende que cinco mil boxeadores entrenen a 100 mil jóvenes diariamente, traduciéndolo al lenguaje político: presencia continua, redes comunitarias y liderazgos locales emergentes, que permite consolidar una estructura social que, llegado el momento, puede convertirse en estructura electoral.
Para el gobierno federal y el movimiento de la “4T” el movimiento es funcional, combate a las adicciones, imagen positiva y nuevos cuadros ciudadanos; pero para Mijares, el beneficio es evidente, volver a ser visto, escuchado y recordado… pero ahora en todo el estado, no solo en La Laguna.
El detalle interesante es el timing. Falta para 2027, pero la política ya empezó. Mientras otros actores siguen en la lógica partidista, el ex campeón entra por la puerta social, que suele ser la más efectiva en tiempos de transformación territorial.
Nadie dirá públicamente que es una precampaña, también sabemos que tampoco lo necesita, ya que en la política moderna la cercanía diaria vale más que un mitin multitudinario. Y alguien que entrena todos los días recuerda más al entrenador que al candidato.
Así, “El Diamante” vuelve al ring, pero el adversario ya no es un rival de 12 round, es el posicionamiento rumbo al futuro. Porque en México, incluso los programas altruistas pelean en la misma categoría, ósea la del poder.
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