Por: Felipe Correa
Ernesto Alanís, un aliado permanente de las mujeres.
Ernesto Alanís Herrera ha construido, desde hace años, una narrativa política que se sostiene en los hechos: ser un aliado permanente de las mujeres. A lo largo de su trayectoria —como legislador local y como presidente estatal del PRI— ha impulsado un cambio en las formas de ejercer el poder, marcando una línea clara de cero tolerancia frente a cualquier tipo de violencia contra las mujeres.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, Alanís Herrera reconoce que el camino por recorrer no es sencillo. Se trata de una ruta cuesta arriba que exige voluntad política real y, sobre todo, escucha activa hacia los colectivos feministas del estado, quienes poseen el termómetro más preciso de una realidad que se vive todos los días y que no admite simulaciones.
En su legado legislativo destaca el impulso a la Ley Nicole, una iniciativa que prohíbe, a nivel estatal, la realización de cirugías estéticas a menores de edad sin el consentimiento de padres o tutores. La norma también establece la obligación de contar con acompañamiento psicológico y un trato especializado, evitando que hospitales y clínicas realicen estas intervenciones sin protocolos adecuados. No es un tema menor: es proteger la integridad física y emocional de niñas y adolescentes.
Desde su responsabilidad como presidente de la JUGOCOPO, Alanís Herrera ha sido cuidadoso en el diseño de una estrategia gradual basada en la prevención primaria y la reeducación, con ejes claros:
Nuevas masculinidades. Desde el ámbito legislativo, promueve políticas públicas que no se limiten a castigar al agresor, sino que apuesten por la educación de hombres y jóvenes para romper los ciclos de violencia estructural.
Agenda política permanente. Mantener el tema de género como una prioridad legislativa es indispensable, evitando que sea desplazado por coyunturas económicas o disputas políticas momentáneas.
El mensaje es claro: la lucha contra la violencia de género no se resuelve únicamente con leyes. Requiere presupuesto, transformación cultural, coordinación institucional y una auténtica voluntad de diálogo. En ese terreno, Ernesto Alanís Herrera ha decidido no ser un espectador, sino un actor constante.
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