Unidad que obliga a dar resultados.
Por: Alejandro Flores de la Parra.
En política, pocas cosas son tan valiosas como la unidad… y pocas son tan difíciles de construir. Por ello, la elección de Dany Soto como presidenta y Fátima González como secretaria general del Comité Directivo Estatal del PRI en Durango para el periodo 2026-2030 representa mucho más que un relevo estatutario: es la confirmación de que, al menos en este momento, el priismo duranguense decidió privilegiar la cohesión interna sobre la confrontación.
El proceso interno se desarrolló conforme a la convocatoria emitida por el Comité Ejecutivo Nacional y a los Estatutos del partido. Desde la determinación del Consejo Político Estatal de elegir a la dirigencia mediante voto directo de la militancia, hasta el registro de la fórmula única y la entrega de las constancias por parte de la Comisión Estatal de Procesos Internos —con fe pública de la Notaría Pública Número 5—, el procedimiento transcurrió sin sobresaltos, reflejando un consenso poco común en la política partidista.
La unidad, sin embargo, no surge por generación espontánea. Es resultado de acuerdos políticos, de liderazgos reconocidos y, sobre todo, de una lectura compartida sobre el momento que vive el partido.
Y el PRI de Durango atraviesa, paradójicamente, uno de los escenarios más favorables que ha tenido en los últimos años. Mientras a nivel nacional enfrenta una competencia cada vez más compleja frente a Morena, en Durango conserva una presencia institucional relevante, gobierna municipios estratégicos, mantiene una bancada con peso específico en el Congreso local y forma parte del gobierno encabezado por Esteban Villegas, uno de los mandatarios estatales mejor evaluados del país en diversos estudios de opinión. Ese contexto convierte al estado en uno de los principales bastiones del priismo nacional.
En ese escenario también debe analizarse el trabajo realizado por Dany Soto durante su primera etapa al frente del partido. Su dirigencia apostó por fortalecer la estructura territorial, reorganizar comités municipales, mantener activos los sectores y organizaciones del PRI, impulsar la participación de mujeres y jóvenes y privilegiar la cercanía con la militancia mediante recorridos permanentes por las distintas regiones del estado. Esa labor permitió conservar la cohesión interna incluso en un periodo particularmente complejo para el priismo nacional.
La ausencia de una competencia interna tampoco debe interpretarse como falta de democracia. En ocasiones, los partidos políticos consideran que la mejor forma de prepararse para los retos electorales es evitar divisiones innecesarias cuando existe una fórmula con amplio respaldo de la estructura partidista. En este caso, el apoyo de líderes seccionales, sectores y organizaciones permitió construir una candidatura de consenso que terminó convirtiéndose en registro único.
Pero la verdadera prueba apenas comienza.
La nueva dirigencia recibe un partido ordenado, con presencia territorial y con condiciones políticas más favorables que las que enfrentan otros comités estatales del PRI. Sin embargo, también hereda el enorme desafío de mantener vigente a un instituto político que compite en un entorno electoral cada vez más exigente, con ciudadanos menos identificados con las estructuras tradicionales y más atentos a los resultados que a los discursos.
La unidad fue indispensable para llegar hasta aquí. Ahora deberá transformarse en organización, apertura y capacidad para conectar con nuevas generaciones de electores. Porque en política, la unidad no constituye la meta; apenas representa el punto de partida.
Dany Soto y Fátima González inician una nueva etapa con una ventaja que pocos dirigentes tienen al asumir el cargo: cuentan con el respaldo de su militancia antes de comenzar. La responsabilidad, ahora, será convertir ese respaldo en resultados que fortalezcan no solamente al PRI, sino también su capacidad de seguir siendo un actor relevante dentro de la vida política de Durango.
Mi Humilde Opinión
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