Defensores, candidatos y otros eufemismos.
Por: Alejandro Flores de la Parra.
En México ya casi no existen los precandidatos. Ahora hay “defensores”. Morena tiene Coordinadores Estatales de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional; el PAN, Coordinadores en Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad; y el PRI, Defensores de México. La política mexicana resolvió así el problema de las campañas anticipadas: no adelantó el calendario, simplemente cambió el diccionario.
Formalmente no son candidatos. Políticamente, casi nadie duda de que lo serán.
Morena lleva hasta ahora ocho definiciones rumbo a las 17 gubernaturas de 2027: Nora Ruvalcaba en Aguascalientes; Pablo Gutiérrez Lazarus en Campeche; Rosa María Bayardoen Colima; Santiago Nieto en Querétaro; Imelda Castro en Sinaloa; Carlos Torres Piña en Michoacán; Beatriz Mojica en Guerrero y Gino Segura en Quintana Roo. En los nueve estados restantes continúa negociando algo quizá más complicado que ganar una elección: evitar que quienes pierdan la candidatura decidan cobrarla después.
La primera lectura sería sencilla: Morena llega como favorito. Un agregado de encuestas actualizado al 15 de septiembre coloca al bloque oficialista adelante en 15 de los 17 estados si los partidos compiten separados; únicamente Acción Nacional aparece arriba en Aguascalientes y Querétaro. Pero la elección verdadera es bastante más interesante que esa fotografía.
Aguascalientes seguirá siendo una prueba de resistencia para Nora Ruvalcaba —sería su cuarto intento— frente a un PAN que conserva ventaja estructural. En Querétaro, Santiago Nieto enfrenta probablemente la operación opositora más sólida del país: Luis Nava, FeliferMacías y Agustín Dorantes ofrecen al PAN varias cartas competitivas. Ahí, más que conquistar territorio, Morena tendría que conquistar un electorado que hasta ahora ha demostrado poca disposición a dejarse transformar.
En Baja California, Morena conserva una ventaja amplia mientras Julieta Ramírez aparece como favorita interna; Gina Cruz es hoy uno de los perfiles panistas más visibles. En Baja California Sur, el oficialismo todavía debe escoger entre figuras como Milena Quiroga y Manuel Cota, mientras el PAN ya adelantó a Francisco “Pancho” Pelayo. Colima parece más cómoda para Rosa Bayardo, aunque Riult Rivera, Mely Romero y Margarita Moreno muestran lo que ocurre cuando la oposición dispone de candidatos, pero no necesariamente de estrategia común.
Guerrero luce, hoy, como una de las plazas más difíciles para la oposición frente a Beatriz Mojica. Nayarit presenta una condición semejante, aunque Movimiento Ciudadano ya ha impulsado a Gustavo Ayón. Quintana Roo, con Gino Segura como heredero político del grupo de Mara Lezama, también arranca con clara ventaja morenista. En estas entidades, el principal adversario de Morena quizá no sea PAN, PRI o MC, sino la eventual fractura de sus propias coaliciones.
Y ahí aparece Michoacán. Carlos Torres Piña ganó la interna, pero dejó fuera a Raúl Morón y al grupo que lo respaldaba. Del otro lado están Alfonso Martínez —ya promovido por el PAN— y Grecia Quiroz, a quien el PRI ha planteado como posibilidad para una candidatura opositora común. Morena sigue adelante, pero Michoacán recuerda una regla elemental: una encuesta interna puede escoger candidato; no necesariamente cicatriza al derrotado.
Chihuahua puede convertirse en una de las grandes batallas. Morena aún debe resolver la confrontación entre Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez, mientras Marco Bonilla ya opera como carta central del PAN. Con la oposición dividida, Morena aventaja; unificada, la diferencia prácticamente desaparece. Algo similar ocurre en Sonora, donde Javier Lamarque y Lorenia Valles disputan la definición morenista, Antonio Astiazarán se consolida como referencia opositora y Movimiento Ciudadano coquetea con Luis Donaldo Colosio Riojas, aunque su eventual candidatura enfrenta todavía la discusión jurídica sobre residencia.
Nuevo León merece categoría propia. Morena puede competir con Waldo Fernández, Andrés Mijes, Clara Luz Flores o Tatiana Clouthier; MC tiene a Mariana Rodríguez y Luis Donaldo Colosio; y PRI-PAN podrían encontrar en Adrián de la Garza un candidato altamente competitivo. Ahí las siglas importan, pero los nombres pueden importar todavía más. Es probablemente el laboratorio más puro de una elección tripartita.
San Luis Potosí es aún más peculiar: el Verde impulsa a Ruth González Silva, esposa del gobernador Ricardo Gallardo, mientras PT, Morena y oposición buscan su propio espacio. Más que sucesión, por momentos parece árbol genealógico con casillas electorales.
En Sinaloa, Imelda Castro carga simultáneamente con la fortaleza de Morena y con el costo político de la crisis de seguridad y del gobierno de Rubén Rocha Moya; Mario Zamora, Paloma Sánchez y Sergio Torres aparecen entre las cartas opositoras. Allí el voto de castigo podría pesar más que cualquier manual partidista.
Finalmente, Tlaxcala enfrenta a una Morena todavía favorita contra dos oposiciones que ya enseñaron cartas —Miriam Martínez por el PAN y Anabell Ávalos por el PRI—, mientras Zacatecas ofrece quizá el dato más revelador de todos: Morena sigue encabezando cuando sus adversarios van separados, pero un bloque opositor tendría hoy posibilidades reales de superarlo. Miguel Varela, Adolfo Bonilla, Claudia Anaya y hasta Jorge Álvarez Máynezaparecen en distintos ejercicios.
Ese puede ser el verdadero dilema de 2027.
Morena posee marca, estructura territorial, gobierno federal y una formidable capacidad para convertir procesos internos en hechos consumados. La oposición, en cambio, todavía tiene candidatos donde necesita alianzas y alianzas imaginarias donde necesita candidatos.
Por eso las 17 gubernaturas no se decidirán solamente entre “defensores de la soberanía” y “defensores de México”. Se decidirán entre dos preguntas mucho menos solemnes: ¿cuántas heridas internas podrá administrar Morena y cuántos egos estará dispuesta a administrar la oposición?
Porque en 2027 todos dicen defender algo.
Falta saber quién será capaz de defender los votos.
