A dónde van los muertos…
En política no hay muertos y eso ha quedado claro luego de cada administración de cualquier nivel; luego de cualquier proceso electoral, independientemente de los resultados; luego de que hay ganadores y perdedores, cuando a los segundos se les da por muertos y, unos años después, los vemos de nuevo en las boletas o en alguna posición ‘pluri’ que les otorga la posibilidad de seguir en la palestra, incluso si ha pasado mucho tiempo. Para muestra, tenemos nombres como el propio presidente Andrés Manuel López Obrador, quien perdió dos elecciones al hilo y, lejos de convertirse en una página del anecdotario, resurgió hasta convertirse en el hombre más poderoso de la política nacional y el primer presidente en poder dejar a su sucesora, luego de décadas en que esto no ocurría.
Sin embargo, hay de perfiles a perfiles, porque también hay muchos que no resurgieron y terminaron en el olvido, o al menos tuvieron que convertirse en espectadores de la vida política del país. Luego de este pasado 2 de junio, los perdedores tendrán que soltar su peso muerto si acaso buscan resurgir, pues la caída fue prácticamente hasta la lona, y el conteo ha comenzado y deben reaccionar si no quieren que se declare un ‘knockout’ político.
En el caso del PRD, no hay mucho qué esperar, es un partido que había muerto hace mucho y que permanecía respirando artificialmente, pegado a la figura de un Acción Nacional que quizá perdía más con su alianza, que habiendo participado solo, pues dentro de sus filas hubo más de uno que nunca estuvo de acuerdo con ella. Ahora veremos a perredistas huyendo del barco ya hundido, corriendo a su ambiente natural, la izquierda, que podría encontrar recepción en Morena o incluso en el PT, o algunos más ‘progre’ que si ya traicionaron una vez su ideología, lo harían de nuevo en partidos como el Verde o Acción Nacional.
El blanquiazul tiene en su propia medicina, su enfermedad, pues no solo es imperativo que Marko Cortés se haga a un lado, sino que primero y aún más importante, es replantearse su posición opositora, pues sin faltar a sus preceptos, a muchos militantes, sobre todo los que hoy se sienten triunfadores en la derrota por haber rescatado alguna posición, les tiene que ‘caer el veinte’ de que su visión del país y de la sociedad, es compartida por una pírrica minoría que no les alcanzará para ser medianamente importantes, así que podrían pasar otros seis años solo haciendo declaraciones y aspavientos desde las Cámaras, sin lograr conectar con círculos sociales fuera de sus compañeros de banca en la misa dominical.
El PRI vive una situación similar, en la que su dirigente, Alejandro Moreno Cárdenas, también debería hacerse a un lado, pero con la particularidad de que la narrativa opositora no le ha funcionado, pues pocos los ven como una opción diferente a lo que representa al 4T, por lo que la renovación de su dirigencia deberá venir acompañada de un cambio ideológico, de imagen y en una de esas hasta de nombre, porque seguir criticando lo que ellos representaron durante más de 7 décadas, no les ayudará a salir del espeso fango en el que se están hundiendo.
Así que, sí, en política no hay muertos, salvo aquellos que se quieran seguir disparando en el pie, sin verdaderos representantes de sus ideales, de sus preceptos y de sus valores políticos. Renovarse o morir suena trillado, pero más vale ponerse a remar si no se quieren seguir hundiendo, si no, pronto sabrán a dónde van los muertos…
La Palabra del Giocondo
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