Por: Felipe Correa
Retos y vicios en el IMSS Durango: El examen de Roxana Rivera
La designación de Roxana Rivera Leaños al frente de la delegación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Durango ocurre en un momento crítico, no solo para la entidad, sino dentro de un ajuste nacional que abarca a otras diez entidades federativas. Sobre el papel, el perfil de Rivera Leaños es impecable: especialista en Patología Clínica, con maestría en Gestión de la Salud y doctorado en Alta Dirección. Sin embargo, en la práctica pública, su mayor desafío no será administrativo, sino ético y operativo.
La nueva delegada recibe una institución cuya imagen pública se encuentra en terapia intensiva. Los señalamientos son graves y tocan la fibra más sensible de la salud pública: la integridad del diagnóstico. La presunta desaparición de al menos 46 piezas de patología —muestras de tejido biológico cruciales para pacientes oncológicos— representa una falla sistémica que compromete la vida de los derechohabientes. A esto se suma el reporte constante en medios de comunicación sobre la pérdida de material quirúrgico, un síntoma de opacidad que ninguna credencial académica puede ignorar.
En días recientes, la delegación ha intentado mitigar el daño mediante una estrategia de comunicación reactiva. Tras cuestionamientos sobre la higiene y calidad de la dieta hospitalaria, el IMSS «refrendó su compromiso con la seguridad alimentaria» el pasado 12 de abril. Un día antes, la institución se vio obligada a aclarar la situación de sus plazas de psicología clínica, intentando desmentir acusaciones sobre personal administrativo percibiendo sueldos que no corresponden a su formación.
Estas respuestas oficiales parecen más maniobras de contención que soluciones de fondo. Existe una desconexión evidente entre la realidad que vive el usuario en las salas de espera y el discurso de la directiva. Si bien es innegable que el IMSS Durango cuenta con personal valioso y comprometido, sus esfuerzos se ven empañados por una cúpula que parece haber optado por la invisibilización del error como estrategia de gestión. Reconocer las fallas no es debilidad; es el primer paso de un diagnóstico honesto.
El reto para Rivera Leaños es monumental. No basta con administrar la inercia; se requiere una cirugía profunda para extirpar el nepotismo e influyentísimo que, como una patología crónica, se ha propagado dentro de la institución. La sociedad duranguense no espera más comunicados de «refrendo de compromiso», sino una rendición de cuentas que garantice que la nobleza del IMSS vuelva a servir a quien se debe: el derechohabiente.
La Palabra del Giocondo
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