La inmilitarizable Guardia Nacional.
Alejandro Flores de la Parra.
El presidente Andrés Manuel López Obrador, se irá como llegó, culpando a otros de lo que nunca pudo hacer: gobernar. Resulta que los estadounidenses son los responsables de lo que está pasando en Culiacán, porque al haber decidido de manera unilateral, capturar al “Mayo” Zambada y a Joaquín Guzmán Jr., desestabilizaron la zona y, por ende, desataron la violencia. Días antes nos habían sorprendido los representantes de las Fuerzas Armadas mexicanas en Sinaloa, con su absurda declaración en la que aseguraron que, para lograr la paz en la región, dependía de la decisión de los grupos antagónicos de dejar de darse de balazos. No solo es absurda sino fuera de la Ley, pues están aceptando que no están cumpliendo con su mandato constitucional de brindar paz y tranquilidad a los mexicanos.
Ahora, se trata de un mando medio que, quizá, no tuvo la habilidad de expresarse y con eso lo disculpo, pero que el presidente ahora culpe a una nación vecina de detener a un par de narcotraficantes que el Estado mexicano no tocó ni con el pétalo de una rosa, debe causarnos más que molestia. Habrá quien argumente, como lo intentó el presidente, que la soberanía nacional y lo que quieran, pero Estados Unidos capturó a los capos de la droga en Texas, que es su territorio y que, si lograron llevarlos allá de la forma que haya sido, quiere decir nada más que las autoridades gringas tienen más creatividad y son mucho más efectivas, operativamente hablando.
Por si fuera poco, en paralelo se discute la reforma de la Guardia Nacional en el Congreso de la Unión, lo que debe ser tomado como una aceptación tácita de otro fallo en la administración de Andrés Manuel, así, como no sirvió el INSABI y tuvo que recular para convertirlo en el IMSS-Bienestar, así falló con su ridícula estrategia de “abrazos, no balazos”, que pretendía que, por medio de programas sociales y un ambiente de paz y tranquilidad, los jóvenes se alejarían del Crimen Organizado, un cáncer social para el que tampoco tuvo medicamento en existencia. No pudo alejarlos, no pudo generar un ambiente de paz y tranquilidad porque pactó con los que no tienen palabra y no conocen del respeto. No pudo, así de sencillo, aunque sea el de mayor aceptación en la historia.
Pero hablando de la reforma de la Guardia Nacional, es necesario poner algunos puntos sobre la mesa, porque los que se rodeaban con la bandera para aventarse al vacío en contra de la militarización del país, sí, esos incongruentes que criticaban a Peña Nieto pero que no pudieron nunca regresar al Ejército a los cuarteles (porque no se podía y todos lo sabíamos), hoy pretenden convertir su fuerza civil en una paramilitar, asegurando que no se trata de una militarización, para darnos atole con el dedo mientras nos juran que lo que vive Culiacán es culpa de sus adversarios. Qué poderosos sus adversarios que no le pueden ganar en las urnas, pero sí le pueden incendiar el país. Vaya idiotez.
La reforma busca definir a la Guardia Nacional como una fuerza civil, pero se conformará con personal militar, con un titular que será designado por la Presidencia, a propuesta de la SEDENA, quienes, además, controlarán su presupuesto y la tendría bajo su mando para implementar la Estrategia Nacional de Seguridad Pública. No se militariza, pero sus integrantes no podrán ser juzgados como civiles, sino que solo podrá ser en tribunales militares. Podrán participar en labores de investigación, lo que los convierte no en una fuerza de contención civil, sino en una agencia que el gobierno federal, seguramente, utilizará como brazo de presión política, como lo hace con la Fiscalía General de la República y la propia Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda.
Con todo esto, además, el Congreso estaría facultado para crear una Ley de Seguridad Interior que regule la participación del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea, en temas de Seguridad Pública, pero abriendo la puerta para que estas mismas instituciones, puedan desempeñar más funciones ajenas a la disciplina militar en ‘tiempos de paz’, lo que borraría los actuales límites constitucionales que de todos modos se pasaron por el ‘arco del triunfo’, permitiendo que realizaran labores de administración de recursos, obra pública, control de aduana y aeropuertos, que le competían específicamente a otras áreas de la administración pública federal.
No se va a militarizar aunque sean militares. No se van a responsabilizar de su mandato constitucional de garantizar la paz y tranquilidad. No se van a hacer responsables de lo que pasa en México y a los mexicanos. Bueno, con todo esto, se entiende perfecto el por qué tantos millones de mexicanos les dieron el voto y por qué restriegan su triunfo y su poder político. Ya se va Andrés Manuel, dejando el escenario incendiado; a ver si no le cae el telón encima a Claudia, cuando se den cuenta que, gobernar, sí tiene su ciencia.
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