Entre casas millonarias, cárteles y prófugos: las prioridades selectivas de la 4T.
Por: Alejandro Flores de la Parra.
Claudia Sheinbaum lanzó esta semana una pregunta retórica en su mañanera: “¿Qué les parece más importante: hablar de la casa de Gerardo Fernández Noroña o que la DEA puso a Genaro García Luna al mismo nivel que ‘El Chapo’ Guzmán y ‘El Mayo’ Zambada?”. La presidenta quería dejar claro que lo de Noroña —un inmueble valuado en 12 millones de pesos, de acuerdo con reportes periodísticos— no es más que un distractor de la oposición. En su lógica, lo fundamental es que el exsecretario de Seguridad de Felipe Calderón ya fue desenmascarado como parte del mismo panteón criminal que los capos del narcotráfico.
El problema no es la defensa de Sheinbaum a Noroña —al fin y al cabo, la lealtad partidista nunca ha sido barata—, sino la incongruencia de señalar que los escándalos ajenos son lo verdaderamente importante mientras en su propio partido se acumulan silencios, omisiones y amistades peligrosas. Porque, si de prioridades se trata, ¿qué pesa más en la balanza? ¿Una propiedad millonaria de un senador que predica austeridad republicana o la presunta relación de Adán Augusto López, su aliado y excandidato interno de Morena, con Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad en Tabasco, acusado de liderar “La Barredora”, una facción del Cártel Jalisco Nueva Generación, actualmente prófugo?
No hace falta ser experto en seguridad para entender que, en términos de gravedad y vigencia, el caso Bermúdez está a años luz del caso García Luna. El primero involucra a personajes aún en funciones, con cargos de poder dentro del oficialismo, y con un capo de seguridad estatal que sigue libre. El segundo ya pasó por tribunales estadounidenses, con sentencia de por medio, y con Calderón dando conferencias desde Madrid. En otras palabras: mientras uno ya está en los libros de historia judicial, el otro es parte del presente mexicano.
El elefante en la sala que Sheinbaum no quiere ver.
Sheinbaum acusa a los medios de haber sido cómplices del silencio durante el calderonismo, sin pruebas, sin denuncias concretas, sin nombres. Pero guarda silencio cuando la prensa pregunta por los lazos entre Morena y los viejos operadores de seguridad tabasqueños. Una incongruencia tan evidente que ni siquiera requiere lupa. Luego se atreve a pedir pruebas y denuncias, sin hacerlo ella.
De hecho, el caso de Hernán Bermúdez no es menor: el semanario Proceso documentó sus vínculos con “La Barredora” y la Fiscalía de Tabasco confirmó que existen carpetas abiertas. ¿Resultado? Ningún detenido. Ninguna orden de aprehensión ejecutada. Una omisión que contrasta con la narrativa de “valentía y firmeza” con la que la presidenta suele describir a su administración.
Aquí conviene recordar que Tabasco, cuna de Morena y de la 4T, se encuentra en una de las rutas más disputadas por el crimen organizado. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), entre enero y julio de 2025 se registraron 2,345 homicidios dolosos en el país, y estados como Guanajuato, Michoacán, Jalisco y el propio Tabasco mantienen tasas alarmantes de violencia vinculada al narcotráfico. Guanajuato, por ejemplo, acumuló 1,624 homicidios en 2024, manteniéndose como la entidad más violenta por quinto año consecutivo, mientras Tabasco se ubicó entre los primeros diez lugares en delitos de alto impacto, incluidos secuestro y extorsión.
¿Y la narrativa presidencial? Defender una casa. De 12 millones.
Entre austeridad y mansiones: el doble discurso.
Resulta casi caricaturesco escuchar a los líderes de Morena hablar del “pueblo bueno y sabio”, del sacrificio, de la austeridad y de la vida sencilla, mientras desfilan en la pasarela política con propiedades millonarias y cuentas bancarias holgadas. Fernández Noroña, aún presidente de la Mesa Directiva del Senado, no es un caso aislado. La opulencia silenciosa de muchos miembros de la 4T contrasta con su retórica de “vivir en la justa medianía”.
Lo irónico es que Sheinbaum, en lugar de tomar distancia, refuerza la idea de que defender a los suyos es más importante que atender los problemas reales de seguridad que aquejan al país. Para un ciudadano de Celaya, Zamora o Villahermosa, donde los enfrentamientos entre facciones del CJNG, el Cártel de Santa Rosa de Lima y otras células locales se viven en carne propia, escuchar que la máxima preocupación de la presidenta es desestimar el valor de una casa ajena resulta un insulto más que un acto de gobierno.
La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (INEGI, 2024) reveló que el 74% de los mexicanos considera que vivir en su ciudad es inseguro. Una percepción que no cambia con discursos ni con ataques a la prensa, sino con resultados tangibles en el combate al crimen organizado.
Las prioridades del poder.
Al final, el mensaje de Sheinbaum es claro: se prefiere mantener la lealtad interna que abrir debates incómodos sobre los vínculos entre la élite política de Morena y grupos criminales. Defender a Noroña de la crítica mediática es más rentable que explicar por qué Adán Augusto y su exsecretario de seguridad siguen sin rendir cuentas.
Lo paradójico es que la presidenta exige hablar de lo que a ella le conviene (García Luna, Calderón, la DEA) y minimizar lo que la incomoda (mansiones de senadores, vínculos con cárteles). En la práctica, el discurso de “honestidad valiente” termina convertido en una especie de paraguas selectivo: grande para tapar las lluvias ajenas, pero demasiado pequeño para cubrir las tormentas propias.
Si de escándalos hablamos, el país no necesita elegir entre la casa de 12 millones y el juicio de García Luna. Ambos son síntomas de lo mismo: una clase política que, ayer y hoy, parece más preocupada por proteger a los suyos que por enfrentar a los criminales que controlan vastas regiones del país. La diferencia es que uno ya tiene resolución en cortes extranjeras, mientras el otro sigue siendo un caso fresco, sin respuestas y con un prófugo que aún dirige una facción del CJNG.
En resumen, la pregunta de Sheinbaum —“¿qué les parece más importante?”— se responde sola: lo más importante es lo que se está viviendo hoy, en México, bajo su mandato. Y lo que se vive hoy es un país donde la austeridad se mide en mansiones, donde la seguridad se delega a cárteles locales, y donde la presidencia confunde prioridades con lealtades.
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