Por: Felipe Correa
El PRI de frente y perfil
La reciente conformación de la fracción del PRI en el Ayuntamiento de Durango trajo consigo rostros que comparten un sello difícil de ignorar: juventud con experiencia y una fuerza que se presume transformadora.
Es el turno de Gabriela Hernández López, Jorge Herrera Castro, Brenda Pacheco y Ariel Maa de generar consensos y promover acciones que se reflejen directamente en la calidad de vida de los ciudadanos. Como si se tratara de un guion anticipado, enfrentan retos inmediatos: calles que requieren reconstrucción total, parcial o de otra índole; distribuir apoyos urgentes ante las inundaciones y las contingencias del clima y el contacto permanente con colonias y localidades. Las expectativas ya no son las mismas. Necesitan caminar las calles de Durango, sentirlo, vivirlo, pero sobre todo, escuchar mas y hablar menos.
Para quienes hoy ocupan las regidurías del PRI no hay espacio para curvas de aprendizaje ni para discursos huecos. La tarea es clara y compleja a la vez: ser mejores que sus antecesores en la función colegiada y, al mismo tiempo, superar el peso de sus apellidos. Si bien estos evocan un eco inconfundible del PRI de las bonanzas, no son más que eso: un recuerdo de tiempos pasados que, en el mejor de los casos, puede servir como consejo, pero no como guía.
Las y el regidor priista en el Cabildo capitalino tienen la obligación de demostrar que son capaces de superar las expectativas, ejercer un papel autónomo —más allá de intereses partidistas o familiares— y ofrecer a la sociedad una voz moderna con visión de futuro, no un colegiado atrapado en inercias del pasado. No basta con colgar reels o videos en redes sociales: las campañas ya terminaron y los reflectores se apagan pronto. El momento de demostrar de qué están hechos es ahora.
Además, hay un desafío adicional: la relación con la fracción panista. En teoría, ambas fuerzas políticas deberían comportarse como un solo bloque para respaldar al alcalde y, al mismo tiempo, constituirse en un contrapeso firme que dé resultados tangibles. Está por verse en las próximas semanas si esa mancuerna logra traducirse en hechos o queda en mera expectativa.
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