Rezago educativo no importa, vacaciones largas sí.
Por: Juvenal Rosales Flores
La discusión sobre ampliar el periodo vacacional en México destapó una vez más la realidad incómoda, que el rezago educativo en el país no es un tema del pasado, es una herida abierta que la pandemia dejó expuesta y que todavía no cierra, ya que entre 25 a 30 millones de mexicanos están en esta condición, además niños y niñas con problemas de lectura y en matemáticas, aunado el abandono escolar en secundaria, bachillerato y educación superior.
En Durango, el presidente de la Asociación Estatal de Padres de Familia, Carlos Ramírez, consideró que se arrastra un retraso de hasta dos años, lo cual no se trata de una cifra al aire, sino de una realidad que se observa todos los días en los salones de clase, donde muchos niños aún batallan para leer y escribir con soltura.
Ese dato, por sí solo, debería bastar para encender alarmas en cualquier gobierno, pero el problema no está solo en el rezago, sino en la forma en que se pretende resolver. Mientras las autoridades educativas a nivel nacional discuten calendarios, los padres de familia observan cómo el sistema sigue avanzando como si todo estuviera bajo control. Y no lo está. Si hay estudiantes que no dominan lo básico, el debate no debería centrarse en si se alarga o no el descanso escolar, sino en cómo se recuperan aprendizajes perdidos.
El lideres de los padres de familia, afirmó que Durango a puesta cartas en asunto, sin embargo, también advierte que hay preocupación creciente entre las familias, los padres lo sienten en casa cuando intentan apoyar tareas, cuando escuchan a sus hijos leer, cuando ven que algo tan elemental como escribir correctamente sigue siendo una batalla cotidiana.
En esa lógica, la propuesta de ampliar vacaciones cayó como una bomba, no porque las familias estén en contra del descanso, sino porque la decisión se percibió como tomada desde un escritorio, sin medir consecuencias. La escuela, para muchos, no solo es un lugar de aprendizaje, también es un espacio de estabilidad. Cambiar el calendario escolar sin consultar a quienes viven el problema todos los días es, políticamente, un error que se paga caro.
La ampliación del periodo vacacional no solo tiene impacto educativo, también afecta la economía familiar. En un país donde miles de padres trabajan jornadas completas y sin posibilidad de flexibilidad, tres meses sin clases significan una pregunta inmediata. ¿Con quién se quedan los niños? Y esa pregunta no la responde la SEP. La responde el bolsillo de cada familia.
En este contexto, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, defendió el anuncio de ampliar el periodo vacacional, aunque tuvo que matizar el discurso y abrirse a escuchar a padres y maestros. El detalle político no es menor, el anuncio provocó tal reacción que la SEP terminó en modo contención, buscando bajar el golpe mediático antes de que se convirtiera en una crisis nacional.
Y como ocurre en estos tiempos, la comunicación oficial fue tan importante como el fondo. La SEP transmitió el inicio de la reunión de autoridades educativas, pero cortó la señal justo al terminar el discurso de funcionario federal. Fuera quedaron las participaciones de secretarios estatales que, según se anticipaba, llevarían críticas y propuestas distintas. El mensaje fue inevitable: se quiso controlar la narrativa, aunque el debate ya estaba encendido.
Más polémica generó su argumento sobre el “tiempo muerto” después del 15 de junio, al señalar que muchas escuelas entran en una etapa donde hay poca actividad y se pierde tiempo en burocracia. La crítica tiene algo de verdad, pero también es una confesión delicada, si existe un “tiempo muerto”, entonces el problema no es el calendario, sino la falta de planeación educativa y la incapacidad institucional para aprovechar semanas completas de formación.
El fondo del asunto vuelve a lo mismo, México no puede darse el lujo de reducir o debilitar su calendario escolar cuando arrastra un rezago de años; recordemos que la pandemia no solo cerró escuelas, también abrió una brecha de aprendizaje que todavía no se recupera.
En resumen, el debate sobre vacaciones no es un simple ajuste de fechas. Es un reflejo de la tensión entre el discurso gubernamental y la realidad de las familias. Si la SEP quiere recuperar la confianza, tendrá que entender que la educación no se administra como decreto, se construye con consenso. Y si el rezago educativo es de dos años, la prioridad no es descansar más, sino recuperar lo perdido antes de que ese retraso se convierta en una condena permanente para toda una generación.
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