T-MEC: ¿el fracaso de Marcelo?
Por Eduardo Serrano
Lo que pasa en el campo de futbol, es muy diferente a lo que se vive en la cancha del Ambiente Político. Mientras la Selección Mexicana avanza a octavos de final en el Mundial 2026, al imponerse a la escuadra de Ecuador, por marcador de 2 – 0, el Gobierno Federal, sufrió un duro revés, llevándose entre las patas a toda la afición que durante semanas, escuchó que el equipo negociador encabezado por Marcelo Ebrard, mantenía el control del balón en medio campo, con toques precisos que nos llevarían a una victoria. Sin embargo, a medida que el cronómetro avanzaba, la narrativa de Palacio Nacional, pretendió suavizar el impacto de una inevitable negativa estadunidense, lo cual, en el silbatazo final, ocurrió.
La escuadra que dirige Donald Trump no quiso firmar la renovación por 16 años más, del tratado de Libre Comercio con Canadá y México. A pesar de la co-dependencia entre nuestra nación y los Estados Unidos, al ser México su principal socio comercial, la Unión Americana optó por dejar que transcurriera el tiempo estipulado en dicho tratado, por solo 10 años, con pausas de hidratación anuales, que solo sirven para alimentar más la incertidumbre en el mercado nacional. Si se hubiera logrado el cometido, Marcelo sería el “Quiñónez”, el “Mora” o el “Jiménez” del selectivo de Palacio Nacional, pero, al no conseguir el objetivo, que era esa ampliación con mejores condiciones para México, es falso decir que aquí no pasó nada, ¡no es cierto que quedamos empatados 0 – 0!
El gobierno mexicano carece de credibilidad ante los Estados Unidos. La presión para que Sheinbaum combata -efectivamente- al crimen organizado, ha rendido frutos, gracias a que cambió la estrategia de seguridad impuesta por su antecesor, de hecho, en términos reales, ha revertido el marcador global de desastres que le dejó el tabasqueño. Pero eso no ha sido suficiente para Trump, un personaje irascible, que comete faltas en el área chica y le importa poco si le sacan tarjeta amarilla, porque se siente el dueño del balón, del estadio, de la afición, de la porra y hasta del “pato Merlín”. Entonces, la derrota del T-MEC, sin así se pudiera considerar, es una consecuencia más de los autogoles que cometió el que radica en la Chingada.
Marcelo también tiene su parte en ello. Si se hubiera logrado la renovación del T-MEC, la afición de la 4T se habría volcado al Ángel de la Independencia, al Zócalo y a todas las plazas públicas del país. A Ebrard le hubieran otorgado el “botín de oro” como máximo goleador cuatroteísta, con pase directo a la final del 2030. Pero no fue así. El secretario de Economía falló, y en el contragolpe, se ha puesto en riesgo la defensiva de las inversiones en México; los empleos se pueden llegar a tambalear en la barrera, y el marco de la economía en general, se encuentra vulnerable. No se trata de alarmar a la afición, sino de poner en su justa dimensión, el fracaso en dichas negociaciones, de las que es responsable, Marcelo Ebrard Casaubón.