Por: Jorge Ánima
El balance legislativo de Ernesto Alanís: hombre de acuerdos y resultados
En la vida como en la política todo lo que inicia termina, pero también hay personas que trascienden y esto a partir de generar resultados. Y en el caso de Ernesto Alanís, el cierre de su responsabilidad al frente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del Estado deja un balance que merece ser revisado más allá de la coyuntura partidista.
Alanís llegó a la Jucopo con una tarea compleja: conducir un Congreso plural, con posiciones políticas distintas y en un momento donde la polarización nacional inevitablemente alcanza a los estados. Su apuesta fue clara: privilegiar el diálogo, encontrar coincidencias y evitar que las diferencias partidistas terminaran convirtiéndose en obstáculos para Durango.
El resultado está en los números, pero también en la forma de construirlos.
Durante este periodo se presentaron 412 iniciativas: 301 provenientes de los grupos parlamentarios, 17 del Ejecutivo estatal, ocho de la propia Junta de Gobierno y 78 de los ayuntamientos. De ellas derivaron 253 decretos aprobados. Destaca una iniciativa en especial Paternidad que Significa estar, más allá de lo material.
La cifra importa, pero importa más lo que hay detrás.
Una iniciativa no se convierte automáticamente en una reforma. Antes hay discusión, comisiones, argumentos, negociación y acuerdos. En un Congreso donde ninguna fuerza política puede ignorar a las demás, la capacidad de construir consensos se vuelve una herramienta indispensable.
Y ahí está precisamente el sello de Alanís.
Su principal aportación no parece estar en haber impuesto una agenda personal, sino en haber entendido que la responsabilidad de presidir la Jucopo exige escuchar incluso a quienes piensan diferente.
Eso explica que temas particularmente delicados hayan podido avanzar.
La nueva Ley Orgánica del Poder Judicial, por ejemplo, representa uno de los cambios institucionales más relevantes del periodo. También están las reformas derivadas del caso Nicole, donde las fuerzas políticas tuvieron que responder a una situación que generó profunda preocupación social.
A ello se suman los nuevos desafíos que plantea la tecnología: ciberacoso, desinformación, riesgos para niñas, niños y adolescentes y nuevas formas de interacción que obligan al Legislativo a actualizarse a una velocidad que antes no era necesaria.
Alanís entiende que legislar no consiste solamente en modificar artículos. Consiste en anticiparse a los problemas que ya están viviendo las familias.
Pero quizá el mayor examen político estuvo en la discusión presupuestal.
Ahí existió el riesgo real de que las diferencias partidistas se transformaran en confrontación permanente. No ocurrió.
Hubo posiciones distintas, negociación y momentos de tensión, pero finalmente se preservó la posibilidad de avanzar.
Hoy la obra pública está en ejecución.
Y esa es una de las mejores formas de medir si la política funciona: cuando un acuerdo legislativo termina convertido en una obra, un servicio o una respuesta concreta para una familia.
El propio Alanís lo ejemplificó con algo tan elemental como un pozo de agua potable. Detrás de una obra así existe una decisión política, pero también hay salud, bienestar, empleo y movimiento económico.
Ese es el sentido final de la política: convertir acuerdos en resultados.
Hay otro elemento que explica el balance de Alanís. No se limitó a la parte legislativa. También impulsó mejoras administrativas y patrimoniales en el Congreso: modernización tecnológica, renovación de infraestructura, mantenimiento del edificio y la incorporación de un elevador para mejorar la accesibilidad.
Puede parecer una cuestión menor frente a las grandes discusiones políticas, pero no lo es. El Congreso es patrimonio de los duranguenses y también debe rendir cuentas sobre cómo administra sus recursos.
Al final, Ernesto Alanís deja la Jucopo como la recibió: trabajando.
Pero deja algo más importante: una forma de hacer política.
Su mensaje hacia 2027 también resulta revelador. No parece confiar únicamente en las marcas partidistas. Su lectura es que el ciudadano está ponderando cada vez más a la persona, su capacidad y sus resultados.
Y ahí comienza el siguiente capítulo.
Porque Alanís no ocultó su intención de participar en 2027. No definió todavía si será por la vía federal o local, pero sí dejó claro que quiere estar en la boleta.
Tiene experiencia electoral, partidista, legislativa y administrativa. Pero sobre todo tiene algo que no se adquiere de un día para otro: oficio político.
El verdadero reto será convertir ese capital en respaldo ciudadano.
Por ahora, el balance es claro: Ernesto Alanís termina su responsabilidad al frente de la Jucopo con números, acuerdos y una conducción que privilegió la política por encima del espectáculo.
En tiempos de confrontación, construir acuerdos también es hacer política.
Y cuando esos acuerdos producen resultados, se convierten en una forma de gobernar.
Ese es, finalmente, el balance de Ernesto Alanís. Quién de alguna manera marcara el rumbo hacia el 27
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