Poder Legislativo abre el juego rumbo al 2027.
Juvenal Rosales Flores
Acontecer Político
El inicio del Tercer Año de la Septuagésima Legislatura no solamente marca la última etapa del actual Congreso del Estado; también abre una temporada en la que los partidos comenzarán a medir fuerzas, liderazgos y posibilidades rumbo a 2027, donde posiblemente veremos algunas licencias al cargo para asumir candidaturas.
Todavía nadie habla abiertamente de candidaturas, pero en política los tiempos formales casi nunca coinciden con los tiempos reales. Y mientras unos hablan de trabajo legislativo, otros ya están observando quién conserva estructura, quién tiene presencia territorial y, sobre todo, quién puede convertirse en una opción competitiva.
El primer movimiento importante en el Congreso fue la llegada del coordinador del Grupo Parlamentario del PAN, Alejandro Mojica Narváez, a la presidencia de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, algo que podemos considerar normal y natural dentro de los acuerdos legislativos. En estos primeros días, Mojica ha buscado construir un discurso de acuerdos y mantener la comunicación entre las diferentes fuerzas políticas, un reto que no es menor.
Pero el otro movimiento que llamó la atención fue la designación del diputado de Morena, Otniel García Navarro, como presidente de la Mesa Directiva para este año legislativo; una posición que no estuvo exenta de críticas desde su propia bancada, lo que deja ver que dentro de Morena tampoco todo es unidad y disciplina.
Sin embargo, en política, una posición de esta naturaleza difícilmente se ocupa sin una expectativa adicional. García Navarro tendrá ahora una tribuna privilegiada para conducir las sesiones, fijar posiciones y mantener una exposición permanente ante los reflectores.
Y sería ingenuo pensar que esa visibilidad no tendrá consecuencias políticas. El nuevo presidente de la Mesa Directiva tendrá la oportunidad de utilizar el cargo para reposicionarse, fortalecer su presencia pública y comenzar a construir capital político de cara a 2027. La pregunta será si logrará hacerlo desde la institucionalidad del Congreso o si sus intervenciones terminarán evidenciando una intención más personal y electoral.
Sin duda, son dos posiciones distintas entre el panista y el morenista y, probablemente, dos proyectos políticos que inevitablemente serán observados durante los próximos meses.
El PRI también enfrenta su propio desafío. Después de dos años de Legislatura, el partido necesita demostrar que conserva cohesión y capacidad de operación. El llamado a la unidad no es un asunto menor. Cuando un partido comienza a mirar hacia una elección complicada, las diferencias internas pueden convertirse en el mayor de sus adversarios.
“Durango es más grande que cualquier diferencia” es una frase políticamente correcta, pero también puede leerse como una advertencia hacia dentro: si el priismo quiere competir, primero tendrá que resolver sus propios equilibrios, y eso lo sabe la dirigente estatal y diputada local, Dany Soto.
Morena tiene el impulso de la marca nacional, pero el escenario local exige algo más, ya que la elección de 2027 no se resolverá únicamente con la popularidad del proyecto federal; habrá que construir candidaturas, estructuras y acuerdos locales. Y ahí es donde el factor Durango puede pesar más que cualquier discurso nacional.
El Verde, a través del diputado Osbaldo Santillán, parece tener claro que su tamaño legislativo puede convertirse en una ventaja si sabe utilizarlo. Su posición crítica, pero con disposición a construir acuerdos, puede darle capacidad de negociación frente a los bloques más grandes. No perdamos de vista que, en política, a veces no gana más quien tiene más votos, sino quien sabe cuándo hacerlos valer.
El PAN, con su nueva posición en el Congreso, no puede darse el lujo de observar desde la barrera. Con el gobierno municipal de Durango como uno de sus principales escaparates, deberá convertir los resultados de gobierno en capital político. La capital será, inevitablemente, uno de los principales escenarios de la disputa que viene.
Pero, sin duda, los temas cotidianos del agua, la seguridad, el empleo, los servicios públicos, la salud, la educación y la obra pública serán los que terminen definiendo el ánimo social; ya que la política puede discutir alianzas, posiciones y candidaturas, pero la gente hará su propia evaluación en función de lo que ocurre todos los días.
Por eso, el tercer año será importante, no solamente porque sea el último de esta Legislatura, sino porque será la última gran oportunidad de las y los diputados para demostrar qué hicieron con la responsabilidad que recibieron donde algunos buscarán cerrar con resultados, otros buscarán posicionarse y seguramente habrá quienes comiencen a construir desde ahora su siguiente proyecto político.
No todos lo dirán públicamente, pero las antenas ya están levantadas. La pregunta será quién tendrá la capacidad de llegar a 2027 con una estructura sólida, un discurso convincente y, sobre todo, algo que ofrecerle al electorado. Porque en Durango, aunque todavía nadie quiera decirlo demasiado fuerte, el tablero ya se está moviendo. Y el tercer año legislativo será, para muchos, el primer gran escenario de lo que viene con algunas licencias al cargo para asumir candidaturas.