La oposición que espera que Morena pierda sola.
Por: Alejandro Flores de la Parra.
Hay una diferencia importante entre querer que Morena pierda y convencer a los mexicanos de que existe una alternativa mejor. La oposición mexicana lleva varios años confundiendo ambas cosas y, a juzgar por las primeras coordenadas rumbo a 2027, todavía no termina de comprender la diferencia.
La encuesta de Buendía & Márquez publicada por El Universal ofrece un diagnóstico incómodo: si hoy fueran las elecciones para diputados federales, Morena tendría 35% de la intención del voto; PAN, 11%; PRI y Movimiento Ciudadano, 9% cada uno. Eliminando a quienes no expresan preferencia, Morena alcanza 48% del voto efectivo. Más revelador todavía: 28% de los entrevistados no manifiesta preferencia partidista. Hay, por tanto, un enorme territorio político disponible. El problema es que nadie parece estar conquistándolo.
Un día antes, Jorge Romero, dirigente nacional del PAN, aseguraba que Morena se llevará “la sorpresa de su vida” en 2027. Pronosticó que Acción Nacional conservará Aguascalientes, Querétaro y Chihuahua y tendrá posibilidades de conquistar Baja California Sur, San Luis Potosí, Zacatecas y Colima.
Puede ocurrir. Las elecciones estatales tienen dinámicas propias y sería metodológicamente incorrecto utilizar una encuesta nacional de diputados para sentenciar gubernaturas. Buenos candidatos, gobiernos locales desgastados y alianzas competitivas pueden modificar cualquier escenario.
Pero entre tener posibilidades de ganar siete estados y haber construido una alternativa nacional de poder existe todavía un abismo.
Ese es el verdadero problema de la oposición.
El dato más importante de la encuesta quizá no sea la ventaja de Morena. Es otro: 43% considera que México va por mal o muy mal camino, frente a 41% que piensa lo contrario. Es decir, existe prácticamente medio país susceptible de cuestionar al oficialismo. Sin embargo, entre quienes creen que México marcha mal, el PAN obtiene apenas 27% de la preferencia efectiva, PRI y Movimiento Ciudadano 19% cada uno y Morena todavía conserva 22%.
Traducido al español político elemental: estar inconforme con Morena no significa querer votar por la oposición.
Y ahí reside una de las ventajas más poderosas del oficialismo.
Morena puede enfrentar escándalos, contradicciones, problemas de seguridad, señalamientos de corrupción o disputas internas sin que necesariamente esos costos terminen depositándose en la cuenta electoral de sus adversarios. Para perder una elección no basta con que un gobierno acumule desgaste; alguien debe convertirse en receptor creíble de ese desencanto.
La oposición todavía no lo consigue.
Durante demasiado tiempo PAN, PRI y, en ocasiones, Movimiento Ciudadano han construido buena parte de su narrativa alrededor de aquello que combaten. Denuncian autoritarismo, inseguridad, corrupción, militarización o deterioro institucional. Algunas críticas tienen fundamento y merecen discusión. Pero una democracia no cambia de gobierno mediante una colección de agravios.
También necesita esperanza.
El ciudadano que escucha todos los días que México está mal puede terminar convencido de ello. La pregunta siguiente es inevitable: ¿y ustedes qué harían distinto?
Ahí suele comenzar el silencio.
Un proyecto opositor competitivo tendría que explicar con claridad qué modelo económico propone, cómo financiaría los programas sociales que promete conservar, qué estrategia distinta aplicaría contra el crimen organizado, cómo reconstruiría policías y fiscalías, qué haría con Pemex, cuál sería su política energética, cómo enfrentaría la crisis de salud, qué relación desea con Estados Unidos y, sobre todo, qué instituciones modificaría y cuáles restauraría.
No bastan diez propuestas presentadas en PowerPoint seis meses antes de una elección. Se requiere una idea reconocible de país.
También hace falta una renovación ética y generacional. La encuesta muestra otro problema severo: mientras Morena registra un balance de imagen de +27 puntos, el PAN aparece en -27 y el PRI en -39. Pretender derrotar al oficialismo reciclando personajes, discursos y prácticas asociados con gobiernos rechazados por buena parte del electorado parece una estrategia peculiar: algo parecido a combatir la nostalgia ofreciendo el álbum completo.
Las alianzas pueden sumar votos, pero no fabrican legitimidad. Incluso pueden convertirse en lastre cuando el único argumento que las une es evitar que gane otro.
Por eso 2027 será algo más que una elección intermedia. Será un examen sobre la capacidad de la oposición para convertirse nuevamente en opción de gobierno.
Jorge Romero quizá tenga razón y Morena pueda llevarse alguna sorpresa.
Pero la mayor sorpresa sería otra: que PAN, PRI y Movimiento Ciudadano comprendieran finalmente que Morena no será derrotado simplemente porque acumule errores.
Para competir seriamente primero tendrán que hacer algo bastante más complicado que criticarlo:
construir una alternativa que valga la pena elegir.