2027: la elección que no elige presidente, pero sí su poder.
Por: Alejandro Flores de la Parra.
En 2027 Claudia Sheinbaum no aparecerá en la boleta. Su margen de poder, sí.
Las llamadas elecciones intermedias suelen venderse como una especie de descanso entre presidenciales. Esta vez será difícil sostener la ficción. El 6 de junio de 2027 se renovarán las 500 diputaciones federales, 17 gubernaturas, 31 congresos locales y cientos de gobiernos municipales. El Universal calcula 3 mil 419 posiciones principales en disputa; la dimensión institucional es todavía mayor: el INE contabiliza más de 19 mil cargos locales, además de las 500 diputaciones federales.
Pero la verdadera cifra que explica la elección no es 3 mil, ni 19 mil.
Es 334.
Ese es, en una Cámara completa de 500 integrantes, el número de votos que representa aproximadamente las dos terceras partes necesarias para reformar la Constitución. Hoy Morena cuenta con 253 diputados; el Verde, con 62, y el PT, con 49. Juntos suman 364.
Traducido del dialecto parlamentario al español común: el oficialismo dispone actualmente de un colchón de alrededor de 30 diputados sobre la mayoría calificada. Por ello, la oposición ni siquiera necesita ganar San Lázaro para modificar sustancialmente la correlación de fuerzas. Le bastaría con arrebatar al bloque gobernante unas tres decenas de curules para obligarlo a negociar reformas constitucionales.
Parece poco. Políticamente, es muchísimo.
El artículo 135 constitucional exige dos terceras partes de los legisladores presentes en ambas cámaras y la aprobación de la mayoría de las legislaturas estatales para modificar la Constitución. El Senado no se renovará en 2027, pero perder la mayoría calificada en Diputados significaría para Morena pasar de poder reformar negociando básicamente dentro de su coalición a tener que mirar hacia afuera.
Y en política, tener que pedir votos ajenos suele ser una experiencia pedagógica.
La segunda batalla estará en los estados. De las 17 gubernaturas que se elegirán, Morena gobierna actualmente 12; el PAN, tres; Movimiento Ciudadano, una, y el Verde, San Luis Potosí.
Esto convierte la elección en una paradoja para Morena: llega como favorito nacional, pero con mucho más territorio que defender que conquistar. Su problema no será demostrar que sigue siendo la principal fuerza política del país; será comprobar cuánto desgaste han acumulado sus gobiernos locales y qué tan disciplinadas permanecen sus estructuras cuando comiencen a repartirse candidaturas.
Porque antes de enfrentar a la oposición, Morena tendrá que superar una prueba bastante conocida por los partidos dominantes: sobrevivir a sí mismo.
Doce gubernaturas implican doce procesos internos, decenas de aspirantes, gobernadores con preferencias, dirigentes nacionales con otras y grupos locales convencidos —como suele ocurrir en la política mexicana— de que las encuestas son científicas siempre que gane quien ellos quieren.
Del otro lado, la oposición enfrenta un examen quizá todavía más severo.
PAN, PRI y Movimiento Ciudadano pueden celebrar cada punto que pierda Morena, pero una elección no se gana contemplando el desgaste del adversario. Las encuestas recientes continúan colocando al oficialismo con una ventaja considerable sobre sus competidores. La oposición tendrá que demostrar que puede convertir inconformidad social en votos, seleccionar candidatos competitivos y, sobre todo, ofrecer algo más sofisticado que esperar pacientemente a que Morena cometa suficientes errores.
Porque “Morena se desgasta” no es un programa de gobierno.
Por eso 2027 será mucho más que una elección intermedia. Funcionará simultáneamente como referéndum sobre los primeros años del gobierno de Sheinbaum, evaluación de los gobiernos estatales de Morena, examen de supervivencia para PRI y PAN, prueba de expansión para Movimiento Ciudadano y termómetro de la capacidad del oficialismo para conservar el poder constitucional acumulado desde 2024.
La Presidencia no estará en juego.
Pero sí algo que, durante los siguientes tres años, puede resultar casi tan importante: la facilidad con la que el poder presidencial podrá convertir sus decisiones políticas en reformas constitucionales.
El 6 de junio de 2027 los mexicanos elegirán miles de cargos.
En realidad, también estarán respondiendo una pregunta mucho más sencilla:
¿quieren que el poder siga teniendo vía rápida… o prefieren volver a ponerle semáforos?