El Periodo de Sesiones que marcó Ernesto Alanís.
Por: Juvenal Rosales Flores
La clausura del Primer Periodo Ordinario del Segundo Año de Ejercicio Constitucional del Congreso del Estado deja una lectura clara; cuando el diálogo se impone sobre la confrontación, la política deja de ser ruido y se convierte en resultados, al menos en este tramo legislativo, la pluralidad no fue sinónimo de parálisis, sino de acuerdos.
Para que eso ocurriera, hubo una operación política fina, silenciosa y constante, donde sin duda el trabajo del presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, Ernesto Alanís Herrera, fue fundamental para que las diferencias no escalaran a bloqueos y para que los consensos se tradujeran en decisiones concretas. Nada fue casualidad.
“Opera fino”, dicen en los pasillos del Congreso. Y no es un halago menor. Alanís Herrera ha demostrado que la política no siempre se gana a gritos ni a golpes mediáticos, sino moviendo piezas con discreción, leyendo tiempos y entendiendo que el poder legislativo es, ante todo, un espacio de negociación permanente.
Como coordinador del Grupo Parlamentario del PRI, se ha consolidado como un legislador metódico y pragmático. No se pierde en discursos largos ni en debates estériles; va al fondo del asunto, mide costos y beneficios y empuja aquello que puede convertirse en ley, no solo mediático.
Desde su llegada a la JUGOCOPO ha marcado una línea clara, sacar adelante iniciativas que realmente beneficien a la ciudadanía y dejar en el camino aquellas que solo generan desgaste político o confrontación innecesaria. Esa combinación de rigor técnico, pragmatismo político y capacidad de operación fue determinante en este periodo legislativo.
Un ejemplo claro fue el manejo del Paquete Económico 2026, donde el bloque mayoritario conformado por PRI y PAN hizo valer su peso específico en una de las decisiones más estratégicas del año. Aunque Morena decidió votar en contra, la propuesta del gobernador Esteban Villegas salió adelante con firmeza y legalidad. Así funciona la democracia, diálogo hasta donde es posible y números cuando es necesario.
El acompañamiento al Ejecutivo estatal ha sido otro eje central. Desde el Congreso se cerraron filas en los temas prioritarios para Durango, entendiendo que la gobernabilidad también se construye desde el Legislativo cuando hay claridad de rumbo y coincidencias en los objetivos de desarrollo.
Desde la postura del PRI, el balance es positivo. En un contexto nacional marcado por la polarización, Durango apostó por el entendimiento. Aquí se privilegió el interés común por encima del cálculo partidista, demostrando que todavía hay espacios donde la política se ejerce con responsabilidad.
La revisión del Informe de Gobierno fue otro momento relevante, donde las comparecencias se desarrollaron con seriedad, preguntas puntuales y rendición de cuentas real. Sin estridencias, pero con firmeza, el Congreso cumplió su papel de contrapeso institucional.
Lo mismo ocurrió con la revisión del uso de los recursos públicos del Estado, los 39 municipios y los organismos autónomos. Vigilar el dinero de la gente no admite matices ni concesiones, y en este periodo quedó claro que esa responsabilidad se asumió con rigor.
Los números respaldan el discurso, 176 decretos emitidos y 61 sesiones de comisiones. Pero más allá de las cifras, el verdadero mensaje está en el contenido, leyes que impactan en transporte, educación, protección de la niñez, bienestar animal, autoempleo juvenil y certeza financiera para los gobiernos. Legislación con efectos reales, no solo simbólicos.
El mensaje final es contundente. Este Congreso no se paraliza por las diferencias; avanza gracias a ellas. Desde la Junta de Gobierno y Coordinación Política, y particularmente desde la visión del PRI, se seguirá apostando por un Poder Legislativo que dialogue, que construya y que entienda que, en política, el verdadero éxito no está en imponer, sino en gobernar con acuerdos.
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