Por: Juvenal Rosales Flores
Durango traza el camino… y también el rumbo electoral.
Con una visión clara para conducir a la ciudad en los próximos años y en un momento que exige carácter y decisiones, el alcalde Toño Ochoa, respaldado por el gobernador Esteban Villegas, presentó la ruta de trabajo y los proyectos estratégicos que marcarán el rumbo de la capital en 2026 bajo un nombre que no es casual; “Durango, ¡este es el camino!”. Se trata de un plan ejecutivo, sí, pero con una alta carga política.
El mensaje no se limita a la planeación administrativa. Es, sin duda, un punto de arranque rumbo al proceso electoral de 2027, donde se renovarán diputaciones locales y algunas magistraturas del Poder Judicial, y también la antesala natural al 2028, año de la sucesión gubernamental. En ese contexto, PAN y PRI siguen enviando señales claras de una alianza consolidada, pragmática y vigente.
No es menor que este anuncio llegue precedido por declaraciones del gobernador Esteban Villegas, quien ha insistido en la necesidad de unidad, de ponerse de acuerdo y de tomar decisiones firmes. El mensaje es directo; la transformación y el crecimiento de Durango no se logran con ocurrencias ni con confrontaciones estériles, sino con acuerdos y con rumbo.
En entrevista con medios de comunicación, el gobernador fue puntual al referirse a la alianza entre el PRI y el PAN: “Cuando hay una alianza no importa el origen; cuando hay alianza entre el PRI y el PAN, lo que importa es la persona”, señaló, en respuesta a las declaraciones del dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno, quien aseguró que su partido pondrá al candidato a gobernador en 2028.
El gobernador fue más allá y dejó clara la lógica política local al afirmar que Durango se cuece aparte. Una frase que marca distancia con las narrativas nacionales y que confirma que, en el estado, las decisiones políticas se toman con base en realidades locales, no en imposiciones externas.
Ese posicionamiento contrasta con lo dicho por “Alito”, quien insiste en que el PRI encabezará con candidato propio la elección de 2028. Sin embargo, en Durango la narrativa es distinta, ya que aquí pesan más los acuerdos, los equilibrios y la viabilidad política que los discursos partidistas de alcance nacional.
Esteban Villegas y Toño Ochoa parecen haber entendido que la política cambió, que las prioridades del país y del Gobierno de México son distintas y que, para hacer obra y gestionar recursos, se requiere acoplar lo local con lo federal. No es sencillo, pero es indispensable si se quiere avanzar.
“Seis años de un gobierno o tres de un municipio son muy poco para hacer todo lo que uno quisiera, pero es mucho para no hacer nada”, dijo el gobernador. La frase resume la lógica del proyecto; habrá decisiones calculadas, incluso incómodas, pero orientadas a resultados.
La apuesta es que 2026 sea el año en que se detonen los avances construidos durante los primeros tres años de gobierno estatal y municipal. No solo se trata de iniciar obras, sino de consolidar una narrativa de resultados que respalde el proyecto político compartido entre Estado y municipio.
En ese contexto, los nombramientos recientes cobran especial relevancia. La llegada de Bonifacio Herrera Rivera a la Secretaría de Gobierno Municipal no es un movimiento menor: se trata de un perfil con oficio político, experiencia y capacidad de interlocución, clave para la gobernabilidad interna y la operación política en los momentos que vienen.
De igual forma, la ratificación de Adrián Valles Martínez como titular de la Oficina Ejecutiva de la Presidencia Municipal envía un mensaje claro de equilibrio y operación. Valles, con trayectoria priista y reconocido por su perfil conciliador, se convierte en un engrane fundamental para la relación política, la coordinación institucional y el diálogo con los distintos actores.
Ambos nombramientos confirman que la reestructura no es solo administrativa, sino estratégica. Se están colocando piezas con peso político, conocimiento territorial y capacidad de operación, pensando no solo en el gobierno del día a día, sino en los escenarios electorales que se aproximan.
Así, “Durango, este es el camino” no es solo una consigna administrativa ni un eslogan de ocasión. Es una declaración política de rumbo, de método y de alianzas, donde cada decisión de gobierno, incluidos los nombramientos, es también una jugada en el tablero electoral. En política, los tiempos no esperan y en Durango, claramente, ya se está jugando el futuro.
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