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Catarsis

Tiptip MX por Tiptip MX
julio 10, 2026
en Opinión
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La feria que no se mide en 24 días

 

En el universo de las ferias estatales en México existe un referente indiscutible: la Feria Nacional de San Marcos, en Aguascalientes. Su capacidad para atraer millones de visitantes, generar una importante derrama económica y consolidarse como un producto turístico de talla nacional la convierten en el parámetro con el que inevitablemente se comparan todas las demás. Sin embargo, esa comparación suele ser injusta. San Marcos no se construyó en una administración ni en una década; es el resultado de años de inversión, continuidad y visión estratégica.

 

Ese suele ser el primer error de análisis cuando se evalúan ferias regionales como la Feria Nacional Francisco Villa de Durango. Se les exige producir resultados inmediatos, competir con modelos consolidados y demostrar éxito financiero en apenas unas semanas. En la administración pública prevalece la lógica de la inmediatez, mientras que en el ámbito financiero ocurre exactamente lo contrario: las inversiones más inteligentes son aquellas cuyos rendimientos se materializan a mediano y largo plazo.

 

Organizar una feria no consiste únicamente en contratar artistas o llenar un recinto durante poco más de tres semanas. Se trata de construir un activo económico y turístico. Cada mejora en infraestructura, cada patrocinador incorporado, cada espacio recuperado y cada visitante que decide regresar representa una inversión cuyo rendimiento difícilmente podrá medirse al cierre de una sola edición.

 

Bajo esa perspectiva puede analizarse el trabajo realizado por el director de la Feria Nacional Francisco Villa, José Lauro Arce. Su gestión parece responder más a una estrategia de consolidación que a la búsqueda de resultados espectaculares. Mientras la atención pública suele concentrarse en la cartelera o en la asistencia diaria, detrás existe un trabajo permanente de planeación, negociación, logística, promoción y coordinación institucional que comienza prácticamente cuando concluye la edición anterior.

 

Naturalmente, esa estrategia no está exenta de críticas. Toda inversión pública debe justificar sus resultados mediante transparencia, eficiencia y rendición de cuentas. Pero también resulta indispensable evaluar los proyectos con criterios objetivos. Pretender que una feria regional alcance, en una sola edición, el posicionamiento de los eventos más exitosos del país equivale a desconocer cómo se construyen los grandes proyectos turísticos.

 

En materia financiera existe una diferencia fundamental entre gastar recursos y generar activos. El gasto desaparece cuando termina el evento; un activo continúa produciendo beneficios durante años. Si la infraestructura, la organización y el posicionamiento de la Feria Nacional Francisco Villa logran fortalecer el turismo, atraer nuevos eventos y estimular la economía local, entonces el verdadero retorno de la inversión apenas comenzará a observarse cuando las luces de esta edición ya se hayan apagado.

 

Al concluir la feria, José Lauro Arce probablemente no terminará de dar gusto, pero tampoco de generar inconformidades. Habrá opiniones encontradas, como sucede con cualquier proyecto público de esta dimensión. Sin embargo, hasta ahora ha cumplido con la función que le fue encomendada: mantener la estabilidad operativa de una feria que enfrenta limitaciones presupuestales y expectativas cada vez mayores. No resulta razonable exigir la construcción de un “unicornio ferial” cuando los recursos son finitos, las exigencias infinitas y las comparaciones se hacen con modelos que llevan décadas de ventaja. En ocasiones, la mayor virtud de un administrador no consiste en ofrecer milagros, sino en sentar las bases para que un proyecto crezca con orden, disciplina y visión de largo plazo. Ahí es donde, con el tiempo, se conoce el verdadero valor de una gestión.

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