Iliana Alvarado Salinas: una trayectoria institucional y pulcra.
En la vida pública existen perfiles que se construyen desde los reflectores y otros que se edifican desde los escritorios, los juzgados, las corporaciones de seguridad y la responsabilidad cotidiana de tomar decisiones que rara vez llegan a un titular de periódico. Iliana Angélica Alvarado Salinas pertenece, por lo que documenta su hoja de servicio, a este segundo grupo. Pero su llegada a la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Durango —ocurrida apenas esta semana, en circunstancias que la propia institución no ha explicado— obliga a mirar esa trayectoria con el mismo rigor con el que se examina cualquier cambio en la cúpula de un poder del Estado.
Alvarado Salinas es licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Durango. Su cédula profesional, registrada ante la Secretaría de Educación Pública en 2007, es pública y consultable en el Registro Nacional de Profesionistas. A esa formación de base sumó una especialización en Justicia Penal para Adolescentes, área que, como se verá, no fue un dato decorativo en su currículum sino el hilo conductor de buena parte de su carrera.
Dos décadas dentro del Poder Judicial y el sistema de seguridad
Su ingreso al entonces Supremo Tribunal de Justicia data de 1998, cuando se desempeñó como asesora jurídica del despacho de la Presidencia. En los años siguientes ocupó cargos como secretaria de acuerdos en juzgados penales y mixtos, ejerció funciones de proyectista y llegó a actuar como juez por Ministerio de Ley. Posteriormente se incorporó al ámbito de justicia para adolescentes, donde encabezó el Centro Especializado en Reintegración y Tratamiento para Menores Infractores del estado.
De ahí transitó al sistema de seguridad pública: entre 2018 y 2022 se desempeñó como Subsecretaria del Sistema Penitenciario. El 31 de marzo de 2022, el entonces gobernador José Rosas Aispuro Torres la designó titular de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, en sustitución de Roberto Bravo Ontiveros. Con ese nombramiento, Alvarado Salinas se convirtió en la primera mujer en encabezar esa dependencia en la historia de Durango, un dato que ella misma subrayó al tomar protesta.
Su paso por la Secretaría fue relativamente breve: hacia septiembre de ese mismo año se incorporó a la Fiscalía General del Estado como Vicefiscal de Control Interno, Análisis y Evaluación, cargo que desempeñó hasta 2025.
El regreso al Poder Judicial por la vía electoral
En el proceso electoral judicial de 2025 —el primero de este tipo en Durango, derivado de la reforma que introdujo la elección popular de juzgadores— Alvarado Salinas contendió por una magistratura del Tribunal Superior de Justicia y resultó electa, tomando posesión del cargo en septiembre de ese año. Vale apuntar que su llegada al Poder Judicial por vía electoral, en el mismo proceso en que su exjefa en la Fiscalía, Ernestina Terán Rivera, obtuvo un asiento en el Tribunal de Disciplina Judicial, ha sido señalada por algunos análisis periodísticos como parte de un patrón de funcionarios del propio gobierno estatal que migraron hacia las nuevas magistraturas.
Lo que el boletín oficial no explica
Aquí es donde conviene ser preciso frente a versiones que han circulado sobre su trayectoria: Alvarado Salinas no asumió la Presidencia del Tribunal de manera inmediata tras convertirse en magistrada. Durante el primer año de la actual integración del Poder Judicial duranguense, la Presidencia fue ocupada por el magistrado Manuel Valadez Díaz. Fue apenas esta semana cuando, mediante un comunicado institucional, se informó que Alvarado Salinas asumía la conducción del Tribunal en sustitución de Valadez Díaz, quien permanecerá como magistrado de una de las salas. El propio comunicado no contempla datos ni información que explique el movimiento de presidencias lo cual se tendrá que valorar a detalle en un corto plazo.
La trayectoria de Alvarado Salinas —sólida, técnica, construida en distintas trincheras de la procuración de justicia y la seguridad— no exime a la institución de transparentar por qué se produjo el relevo, ni bajo qué criterios internos se decidió.
Una trayectoria técnica que no sustituye la rendición de cuentas
Nada de lo anterior le resta mérito a un perfil que, en efecto, se ha construido lejos de la exposición mediática permanente: dos décadas en el aparato de justicia, un paso por la titularidad de la seguridad pública estatal como primera mujer en el cargo, y una etapa en el control interno de la Fiscalía. Es una trayectoria que conjuga conocimiento técnico con experiencia institucional acumulada, y que contrasta con perfiles que llegan a estos cargos por la vía de la exposición pública.
Pero precisamente por tratarse de la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia —la cabeza visible de uno de los tres poderes del Estado— la evaluación no puede limitarse al currículum. Corresponde ahora a Alvarado Salinas demostrar, con hechos y no solo con antecedentes, cómo conducirá al Poder Judicial duranguense en el tramo que resta de esta integración, y corresponde al propio Tribunal transparentar las razones de un relevo que, hasta ahora, ha quedado más en el terreno de la especulación que en el de la rendición de cuentas.
