Por: Felipe Correa
Nacho Aguado: ¿Estrategia de altura o ausencia política?
¿En dónde está Nacho Aguado y qué está preparando? Es la pregunta que se hacen muchos en los cafés políticos de Durango. Para recordar al joven pionero de las candidaturas independientes que terminó, por destino o necesidad, en las filas de Morena, hay que mirar hoy hacia la Ciudad de México.
Fiel a la causa de Marcelo Ebrard, Aguado despacha actualmente desde la Secretaría de Economía. Pero no se equivoquen: aunque sus días transcurren en la capital del país, su mirada sigue puesta en el Valle del Guadiana. No pierde la esperanza de que la tómbola, la encuesta o la gracia de algún líder nacional lo coloque, por fin, en una boleta electoral, quizá para una diputación local.
Mientras tanto, Nacho juega el juego de la institucionalidad. Visita Durango constantemente, sostiene reuniones con los círculos ebrardistas y promueve proyectos económicos, pero lo hace con una discreción que raya en el descuido comunicativo. Aparece en la foto con la cúpula, pero se aleja de los micrófonos locales.
Es el dilema del político moderno en el partido hegemónico: estar presente en el organigrama federal, pero ausente en la conversación diaria del estado que pretende representar. Aguado sigue vigente, sí, pero ha decidido que su permanencia en la vida pública de Durango sea una aparición fugaz, de esas que solo ocurren cuando la oportunidad de la fotografía oficial así lo permite. El tiempo dirá si esa ‘ausencia’ es un error de cálculo o la preparación silenciosa de un regreso triunfal.
Al final del día, el juego de Aguado es una apuesta de equilibrios peligrosos. Si bien su ADN político y su lealtad de origen siguen anclados al proyecto de Marcelo Ebrard, Nacho es lo suficientemente pragmático para entender que las llaves del ascenso real, tanto administrativo como electoral, están hoy en el despacho de la Presidenta Claudia Sheinbaum. Esta bivalencia nos deja una interrogante en el aire: en el momento de las definiciones críticas, ¿a qué intereses responderá realmente? ¿Será el soldado fiel del Secretario de Economía o el nuevo converso de la disciplina presidencial? En la política de la Cuarta Transformación, servir a dos amos no es solo un arte, es un riesgo que podría definir su futuro o sepultar sus aspiraciones.
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