por Eduardo Rodríguez
¿Todos contra Claudia, o Claudia contra todos?
Al inicio de su mandato, la presidenta Claudia Sheinbaum lucía todopoderosa. El margen de su triunfo electoral, las mayorías calificadas que el INE le obsequió y la rápida aprobación del Plan C parecían no dejar lugar a dudas. Sheinbaum quedó instalada en una presidencia con menos contrapesos que los que tuvo López Obrador. Una presidencia imperial parecía haberse restaurado.
En México, el cambio de régimen está consumado, lo que a primera vista le da un poder casi ilimitado a la Presidenta. Sin embargo, lo que hemos visto en los últimos días pinta una realidad más compleja. Claudia tiene pocos limites en el plano institucional, la oposición no ha logrado construir un discurso relevante y la sociedad civil si no esta retraída, por lo menos sí se encuentra ensimismada, no sabe si tener una mujer al frente del Ejecutivo es realmente bueno, pero como parece serlo, confía en ella.
No obstante, el contexto nacional e internacional en el que arrancó su mandato no le ha sido nada favorable, lo que ha limitado enormemente su margen de maniobra y la mantiene a la defensiva.
El mejor ejemplo de que la Presidenta no las trae todas consigo es la revuelta de la semana pasada en el Senado, donde su propia coalición impidió que la reforma contra el nepotismo se aplicara desde 2027, como ella quería.
Esta no era un reforma de las que AMLO dejó pendientes; era su reforma, y aun así no logró imponerla. Ahora si que a esta reforma si le cambiaron las comas y no fueron los opositores, sino sus “aliados” del Partido Verde, con la complicidad de más de un morenista.
En la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal ya adelantó que la reforma se aprobará tal como quedó en el Senado, con aplicación a partir de 2030, a pesar de que Ramirez Cuéllar, cercano a Sheinbaum, aseguró que pediría que se retomara la versión original propuesta por la Presidenta. Es conocido que Monreal tiene un interés personal en el tema, pues quiere dejarle el camino libre a su hermano para ser candidato a gobernador de Zacatecas.
Este revés se suma a otros casos que, aunque parecen anecdóticos, revelan que los morenistas ahora se están tomando libertades que perjudican la imagen de la Presidenta. Es el caso de los ataques entre Adán Augusto López y Ricardo Monreal, el golpeteo entre la gobernadora de Veracruz, Rocio Nahle, y Miguel Angel Yunes, o las acusaciones de saqueo y corrupción de Salomón Jara contra Alejandro Murat.
Era muy difícil imaginar algo así con López Obrador; nadie se salía del redil. Hoy Morena tiene dueño, y no es Sheinbaum. Difícil ver como puede imponerse pero ciertamente no será invitando a sus aliados a no pelearse o a respetar en la práctica el sentido de su reforma, aunque no la hayan aprobado en sus términos.
Que las cosas no le salgan a Claudia como ella quisiera, seguramente es motivo de celebración para más de uno. Todo lo que la haga ver débil será festejado por quienes no están con la 4T. Si el obstáculo proviene de su propia coalición, bien; si es Trump, mejor; y si es la catástrofe económica, bienvenido.
Aunque no podemos confundirnos que lo que Sheinbaum enfrenta son obstáculos, pero no contrapesos. No todo lo que es malo para Sheinbaum es bueno para México, ni que se haya pospuesto la entrada en vigor la reforma contra el nepotismo, ni que se frene la economía, ni que Trump imponga aranceles.
Las coyunturas pasan. Claudia podrá o no consolidar su liderazgo en Morena, y Trump podría o no imponer aranceles. Ninguno de esos escenarios hará mas democrático al régimen ni a la Presidenta. Lograrlo no está en ella, que ha demostrado que su prioridad no es fortalecer la democracia, sino afianzar su poder, aunque aún no lo consiga.
Mucha suerte Presidenta. La va a necesitar.
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