POR: LILY ORTIZ
Gobernar sin colores: el verdadero reto de los alcaldes de Durango
La reunión encabezada por el gobernador de Durango, Esteban Villegas Villarreal, con los 39 alcaldes y alcaldesas que recién asumen funciones, deja un mensaje que merece ser analizado más allá de los discursos: la necesidad de construir una política sin colores partidistas, una política que funcione en lo práctico y que dé resultados en el tiempo que dura una administración.
El llamado del mandatario a priorizar proyectos, cuidar las finanzas y trabajar como un solo equipo refleja un diagnóstico acertado: tres años son poco para hacer todo, pero demasiado para no hacer nada. En ese margen estrecho de tiempo, los ayuntamientos deberán demostrar que su paso por la administración municipal no se queda en promesas de campaña ni en banderas partidarias, sino en resultados tangibles.
Es importante subrayar un punto: la política de aplaudidores, de palmadas mutuas y fotos sonrientes, es insuficiente. Lo que se espera de quienes hoy gobiernan es capacidad de gestión, visión técnica y voluntad de coordinarse con un Estado que, guste o no, es la instancia que abre o cierra la puerta a recursos federales. No se trata de rendir pleitesía, sino de reconocer que, si se llega con proyectos sólidos, las posibilidades de obtener apoyos aumentan, y con ello también la oportunidad de mejorar la calidad de vida de la gente.
La crítica también es necesaria: no basta con reunirse y hablar de planeación. El reto está en la ejecución, en evitar el gasto superfluo, en garantizar que la obra pública y los programas sociales no se conviertan en botines electorales disfrazados de políticas de gobierno. Ese es el verdadero examen que enfrentarán los nuevos cabildos: gobernar para todos, no solo para quienes votaron por ellos o para las siglas que los postularon.
Al final, el mensaje de fondo es claro: al asumir un cargo público, la camiseta partidista debe guardarse. Los ciudadanos esperan gobiernos que resuelvan, no trincheras ideológicas que se estorben entre sí. Si cada alcalde y alcaldesa entiende que el servicio público es eso, servicio y no privilegio, quizá entonces sí podamos hablar de un trienio que marque historia y no de otro periodo que se pierda en la rutina de promesas incumplidas.
Porque la política que funciona no es la que divide, sino la que construye; no la que se aplaude a sí misma, sino la que da resultados visibles. Y ese, al final, es el compromiso que los nuevos gobiernos municipales deberán demostrar en los próximos tres años.
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