POR: LILY ORTIZ
La seguridad no se presume, se sostiene.
En un país donde la seguridad pública sigue siendo una de las principales deudas del Estado, cualquier acción concreta en esta materia adquiere relevancia; México atraviesa un contexto complejo: de acuerdo con los reportes más recientes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, persisten altos niveles de incidencia delictiva en varias regiones, particularmente en delitos de alto impacto. Entidades como Guanajuato, Estado de México, Baja California o Michoacán enfrentan retos constantes que impactan directamente en la vida cotidiana de millones de personas.
La seguridad no es un lujo ni un discurso político, es la base sobre la que se construye todo lo demás; sin condiciones de tranquilidad, difícilmente hay inversión, desarrollo económico o estabilidad social. Una comunidad segura atrae empresas, genera empleo y fortalece la gobernabilidad; una comunidad insegura, por el contrario, se estanca, se fragmenta y vive en la incertidumbre.
En ese contexto nacional adverso, Durango ha logrado colocarse como una de las entidades con mejores indicadores en percepción y niveles de seguridad, tanto a nivel estatal como en la capital, los datos han sido consistentes en ubicar a la entidad entre las más seguras del país, una condición que no es casual, sino resultado de estrategias sostenidas y coordinación institucional.
Es aquí donde cobra sentido la reciente entrega de patrullas, denominadas “Perronas 2.0”, encabezada por el gobernador Esteban Villegas y el alcalde Toño Ochoa. Más allá del acto protocolario, la inversión cercana a 160 millones de pesos y la incorporación de 80 nuevas unidades representan un mensaje claro; la seguridad sigue siendo una prioridad.
El fortalecimiento del parque vehicular no es un tema menor, en términos operativos, más patrullas significan mayor cobertura territorial, mayor seguridad en colonias, fraccionamientos y comunidades donde la presencia policial incide directamente en la percepción ciudadana. La seguridad también se construye con visibilidad: ver una patrulla circulando genera confianza, inhibe conductas delictivas y reduce tiempos de respuesta.
Además, la apuesta por unidades modernas, incluso híbridas para el Centro Histórico, refleja una visión que combina funcionalidad con cuidado ambiental, algo poco común en estrategias de seguridad tradicionales.
Sin embargo, el reto no termina con la entrega de unidades; la clave está en su correcta operación, en la capacitación de los elementos y en mantener la coordinación entre los distintos niveles de gobierno. La seguridad efectiva no depende únicamente del equipamiento, sino de una estrategia integral que incluya prevención, proximidad social y participación ciudadana.
En ese sentido, el énfasis en los comités vecinales y el trabajo conjunto con la sociedad es un acierto, la seguridad no se impone, se construye de manera colectiva.
Durango parte de una posición favorable frente al contexto nacional, pero eso también implica una responsabilidad mayor, que es no bajar la guardia. La entrega de las “Perronas 2.0” no resuelve por sí sola los desafíos, pero sí abona de manera importante a mantener y fortalecer un entorno que hoy distingue a la entidad.
En un México donde la inseguridad es noticia diaria, invertir en seguridad y hacerlo de forma visible y estratégica no solo es necesario; es indispensable.
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