Política pública que suena a esperanza: Cuando la salud pública tiene voz propia.
Por: Alejandro Flores de la Parra.
Hay políticas públicas que se explican mejor con estadísticas, y otras que se entienden en un segundo, cuando una escena humana resume todo. La imagen de una madre y su hijo escuchándose por primera vez pertenece a esta segunda categoría.
Ángeles y Mario se miraron, sonrieron y pronunciaron palabras que, hasta ese día, vivían en silencio. El momento ocurrió durante la entrega de auxiliares auditivos encabezada por el gobernador Esteban Villegas Villarreal y la presidenta del DIF Estatal, Marisol Rosso Rivera. Ambos recibieron dispositivos de conducción ósea, una tecnología especializada para personas con ciertos tipos de pérdida auditiva que no pueden beneficiarse de auxiliares tradicionales. La escena fue íntima, pero el mensaje es público: cuando la política social funciona, se nota en la vida cotidiana.
El hecho trasciende la anécdota. Devolver la audición no es solo un acto médico; es restituir comunicación, aprendizaje y pertenencia. Escuchar implica integrarse. Implica responder cuando alguien llama por tu nombre, participar en clase, conversar en familia, trabajar con mayor autonomía. Es, en términos sociales, una herramienta de inclusión.
Durante el evento, acompañado por el alcalde Toño Ochoa, el mandatario estatal subrayó que muchos casos se detectan en recorridos comunitarios. Ese detalle importa políticamente: la política social efectiva rara vez nace en oficinas; suele construirse en territorio. El contacto directo permite identificar necesidades reales y evitar que los programas se queden en el papel o en la estadística complaciente.
La entrega de auxiliares auditivos forma parte de una estrategia de salud más amplia impulsada por el Gobierno del Estado de Durango y el DIF Estatal Durango, que incluye prótesis, cirugías de cataratas, lentes, bastones, andaderas y sillas de ruedas sin costo para la población vulnerable. En términos de política pública, el enfoque es claro: reducir barreras funcionales que limitan la autonomía de las personas.
Pero también hay un componente institucional relevante. Marisol Rosso Rivera explicó que cada dispositivo es el resultado de un proceso médico y humano: detección en comunidades, estudios audiométricos, adaptación personalizada y seguimiento. La coordinación con Beneficencia Pública de la Secretaría de Salud, dirigida por Maru Orrante, revela algo que suele escasear en el sector público: continuidad operativa. No se trata solo de entregar apoyos, sino de asegurar que funcionen en la vida real.
Los números ayudan a dimensionar el alcance. Se entregaron más de 3,400 auxiliares auditivos y cinco sistemas de conducción ósea —estos últimos con un valor aproximado de 72,600 pesos cada uno— beneficiando a 1,943 personas de Durango y la Región Laguna. La inversión total fue de 14 millones 283 mil pesos. Traducido a lenguaje ciudadano: recursos públicos convertidos en capacidades recuperadas.
El alcalde Toño Ochoa enfatizó la coordinación entre niveles de gobierno. Ese punto no es menor. En un país donde la fragmentación institucional suele diluir responsabilidades, los esquemas colaborativos elevan la probabilidad de impacto. La política social eficaz rara vez es obra de una sola oficina.
Los testimonios completaron el cuadro. Asunción Celaya relató que, tras años de escuchar con dificultad, volvió a percibir sonidos cotidianos: el canto de los pájaros, las voces familiares. Son detalles mínimos que, acumulados, reconstruyen la experiencia de vivir. Cuando alguien vuelve a oír “mamá” o “te quiero”, el debate presupuestal adquiere rostro humano.
El secretario de Salud, Moisés Nájera Torres, lo sintetizó desde la política pública: recuperar la audición previene el aislamiento social y fortalece el desarrollo personal. La discapacidad auditiva no atendida suele derivar en rezago educativo, menor empleabilidad y desconexión comunitaria. Atenderla es prevención social.
¿Hay lectura política en todo esto? Sí, pero no en clave partidista, sino de gobernanza. Programas como este miden su legitimidad en resultados tangibles. No sustituyen reformas estructurales ni resuelven por sí solos las brechas de desigualdad, pero inciden donde la política toca directamente la vida de las personas.
La escena de Ángeles y Mario no es propaganda ni milagro: es evidencia de que la política pública, cuando se ejecuta con diagnóstico, coordinación y seguimiento, puede transformar realidades concretas. Entre discursos grandilocuentes y promesas abstractas, a veces la eficacia se manifiesta en algo simple: dos personas que se escuchan por primera vez.
Catarsis
El costo del silencio: ¿Por qué el suicidio se ensaña con los hombres? El suicidio en México arrastra una...
