POR: LILY ORTIZ
¿Quién vigilará a los que hoy prometen vigilar?
Durante años, la clase política mexicana fingió no ver uno de los problemas más delicados del país: la posible infiltración del crimen organizado en campañas, gobiernos y estructuras partidistas, pero hoy Morena plantea revisar perfiles de candidatos para detectar vínculos sospechosos, pero la pregunta inevitable es: ¿por qué hasta ahora?
Porque el problema no nació ayer, desde hace tiempo existen denuncias, investigaciones periodísticas, señalamientos públicos e incluso casos donde alcaldes, funcionarios o aspirantes terminaron detenidos, investigados o relacionados con grupos criminales. Sin embargo, mientras los resultados electorales favorecían al poder, pocos parecían realmente interesados en poner filtros.
Pero ahora parece ser que sí hay preocupación; y eso revela algo importante: el temor ya no es solamente que el crimen influya en la política, sino que termine exhibiendo y debilitando al propio sistema político.
Morena entiende que el tema puede convertirse en una bomba de tiempo; la oposición lo utiliza como argumento de ataque, Estados Unidos mantiene presión constante sobre el combate al narcotráfico y la ciudadanía comienza a desconfiar cada vez más de ciertos perfiles que llegan al poder rodeados de sospechas. En otras palabras, el miedo no es únicamente a la infiltración; el miedo es al costo político de que esa infiltración quede evidenciada.
Pero anunciar revisiones internas no garantiza tampoco la transparencia, y ahí aparece otra pregunta todavía más delicada: ¿será una comisión real o una herramienta selectiva?
Porque en México muchas veces la justicia y la ética partidista dependen más de conveniencias políticas que de principios; si un personaje resulta incómodo, se le investiga. Si es electoralmente útil, se le protege; ese es el gran riesgo de cualquier mecanismo interno: que termine funcionando como filtro político y no como filtro de legalidad.
Además, existe otro problema de fondo. ¿Quién vigilará a los vigilantes? Si el mismo partido decide quién pasa y quién no, sin organismos verdaderamente autónomos, la ciudadanía tendrá razones para desconfiar; la revisión de perfiles no puede convertirse en un espectáculo mediático donde solamente se sacrifiquen nombres menores mientras los grupos con poder permanecen intactos.
El tema también exhibe una realidad incómoda: durante años, muchos partidos crecieron territorialmente sin revisar demasiado quiénes eran sus candidatos, siempre y cuando garantizaran votos, operación política o estructura; y ese pragmatismo electoral terminó abriendo espacios peligrosos.
Por eso esta discusión llega tarde; no porque antes no existieran señales, sino porque apenas ahora el costo político comienza a ser demasiado alto para ignorarlo.
La confianza en los perfiles políticos no se recuperará con discursos ni con anuncios de comisiones internas. Se recuperará cuando existan investigaciones reales, transparencia patrimonial, revisión seria de antecedentes y consecuencias para quien utilice el poder público para proteger intereses criminales.
Porque el verdadero problema no es solamente que el crimen quiera entrar a la política; el problema es que, en muchos casos, la política dejó la puerta abierta durante demasiado tiempo.
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