POR: LILY ORTIZ
Una presidenta, un gobernador y un mensaje político
En política, las formas también comunican y mucho, el que la presidenta de México llegue a Durango, apenas unas semanas después de haber estado en la entidad supervisando obras, y que además lo haga como una de las primeras entidades que visita para llevar personalmente su segundo informe, habla de una relación que, al menos públicamente, atraviesa por un buen momento.
Más aún cuando el primer mensaje de Sheinbaum fue precisamente reconocer la coordinación con Esteban Villegas; no fue una mención protocolaria perdida en medio del discurso; fue una definición política: en Durango hay entendimiento entre los dos niveles de gobierno.
Y eso importa, porque la política también consiste en saber leer los tiempos. Morena gobierna el país y el PRI gobierna Durango, pero ninguno de los dos gobiernos parece interesado en convertir esa diferencia en una batalla permanente, al menos no ahora; por el contrario, han optado por construir una relación institucional en la que las coincidencias pesan más que las diferencias.
No significa que no existan desacuerdos, porque a seguramente los hay y los habrá y eso es totalmente normal. La diferencia está en qué hacen con ellos: si los convierten en confrontación o si los procesan mediante diálogo y negociación para mantener funcionando al estado.
Ahí está, quizá, el verdadero mensaje político de esta visita. Sheinbaum no vino únicamente a informar lo que su gobierno ha hecho en Durango. También vino a validar públicamente una relación de coordinación con el gobernador. Y Villegas, por su parte, aprovechó el escenario para refrendar que está dispuesto a mantener esa ruta.
Para Durango, esa relación puede representar algo más que una buena fotografía entre dos gobernantes, en efecto o puede traducirse en capacidad de gestión, acceso a proyectos, inversión y mayores posibilidades de que los programas federales aterricen en la entidad con acompañamiento del Gobierno del Estado.
Y en política, cuando dos gobiernos de distinto origen partidista consiguen trabajar sin que sus colores se conviertan en una barrera, el mensaje termina siendo mucho más poderoso que cualquier discurso.
Al final, Sheinbaum y Villegas podrán tener partidos distintos, visiones distintas e incluso diferencias en determinados temas, pero han entendido algo elemental: ninguno fue electo para pelear con el otro, sino para gobernar.
La visita presidencial deja esa fotografía: una presidenta que reconoce la coordinación, un gobernador que refrenda su respaldo y un estado que busca aprovechar esa interlocución.
El tiempo dirá hasta dónde llega esta relación, pero por ahora, políticamente, el mensaje es claro: en Durango hay diálogo, hay coordinación y, sobre todo, hay una apuesta por que las diferencias partidistas no terminen convirtiéndose en diferencias contra Durango.
Y quizá ahí está la mayor fortaleza de esta relación: mientras otros apuestan por la confrontación, aquí parece haberse entendido que la política puede esperar; las necesidades de los ciudadanos, esas definitivamente no pueden esperar ni mucho menos merecen que se lleven a una cancha política ni de diferencias.
Y si algo deja esta primera visita de la presidenta tras su segundo informe es precisamente ese mensaje: las diferencias partidistas pueden existir, pero cuando se gobierna con responsabilidad, la prioridad debe ser que gane la ciudadanía, en este caso Durango