POR: LILY ORTIZ
A propósito del 25 de noviembre, el matrimonio infantil también es violencia
Desde 1981 cada 25 de noviembre se conmemora el día Internacional Contra la Violencia a la Mujer, en horror a las hermanas Mirabal, tres activistas políticas de la República Dominicana que fueron brutalmente asesinadas en 1960 por orden del gobernante dominicano, Rafael Trujillo.
A décadas de este lamentable hecho, hoy en 2024 ha sido imposible erradicar la violencia contra la mujer y las niñas; a nivel global una de cada tres mujeres ha sido víctima de violencia física o sexual al menos en su vida, datos que da a conocer la ONU, en el 2023, cerca de 51,100 mujeres y niñas de todo el mundo murieron a manos de sus parejas u otros miembros de su familia, siempre o en la mayoría de los casos alguien cercano a las víctimas, y tomando en cuenta estos datos quiere decir que en el mundo se asesinó a una mujer cada 10 minutos.
En pleno siglo XXI pareciera que el ser víctima de violencia, de cualquier tipo, es motivo de vergüenza para quien la padece y por ende debe de permanecer en secreto, estigma que todos poco a poco debemos de ir cambiando, hoy la violencia además de sexual, psicológica, física también es económica, y esta última muchas veces no se detecta; lamentablemente seguimos viendo común la violencia que se ejerce en los hogares por parte de los esposos o pareja sentimental de la mujer; la sexual donde cabe el acoso callejero u el cibernético; la trata de mujeres; mutilación genital en algunas comunidades del mundo y el matrimonio infantil, este último está prohibido en México, pero no hay castigo para ello, por ende es algo que todavía se sigue dando.
Vamos a detenernos justamente en el matrimonio infantil, donde a niñas de 11 o 12 años a lo mucho; las están obligando a casarse con adultos que fácilmente tienen la edad de sus padres o abuelos, donde una niña está aprendiendo a ser mujer muchas veces sin haberles llegado su menstruación; niñas que una vez creciendo a los 30 años ya tienen más de ocho hijos; y se sienten condenadas a una vida que ellas no eligieron y que sí fueron obligadas bajo un esquema de usos y costumbres.
Debemos de dejar TODOS de justificar estas acciones que van en contra de miles de niñas, bajo el dicho de que son tradiciones de las comunidades en México comúnmente de los pueblos originarios; jamás va a ser común y normal que se obligue o se arregle un matrimonio mucho menos cuando se involucre a menores de edad; es a todas luces un delito, y se tiene que castigar, pero lo más importante debe de no solo prohibirse, sino darse penas de muchos años de prisión a quien lo ejerza y a quien lo obligue.
En nuestro país, el matrimonio infantil está prohibido por ley desde 2019, cuando se reformó el artículo 148 del Código Civil Federal, adicionalmente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, mediante la resolución de la acción de inconstitucionalidad 22/2016, estableció un posicionamiento en contra de la realización de matrimonios infantiles; sin embargo, es necesario se empodere a las niñas y adolescentes donde tengan oportunidades de educación, desarrollo y servicios de salud.
El matrimonio infantil existe, y no se debe de negar, tampoco se debe de tapar el sol con un dedo, México sigue siendo uno de los países con mayor número de estas uniones. Erradicar esta violación a los derechos de las niñas, es algo en lo que todos podemos contribuir y ayudaría mucho el no normalizar la situación, entender que no es costumbre ni mucho menos tradición que cientos de niñas se vulneren, que no es normal saber de menores de edad debatiéndose entre la vida y la muerte por un embarazo a temprana edad, cuando su cuerpo aún no termina de desarrollarse, niñas no deben de cuidar bebés, las niñas son para ser felices, crecer en un ambiente sano, en un esparcimiento saludable y con la idea de que como lo dijo la Presidenta, Claudia Sheinbaum “que el género no defina su futuro”.
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