El padrón que se resiste a morir.
Por: Alejandro Flores de la Parra.
En México, la militancia partidista parece haber conquistado un derecho que la ciencia todavía no consigue: sobrevivir a la muerte. La revisión del Instituto Nacional Electoral encontró 142 mil 752 personas fallecidas todavía registradas en los padrones de los seis partidos nacionales sometidos a verificación y, en conjunto, 1 millón 137 mil 637 registros con inconsistencias.
El catálogo es amplio: muertos, duplicados entre partidos, credenciales sin vigencia, ciudadanos que ya no aparecen en el padrón electoral y personas con derechos político-electorales suspendidos. Morena acumuló 581 mil 950 registros observados; PVEM, 218 mil 430; PT, 169 mil 824; PRI, 95 mil 304; Movimiento Ciudadano, 37 mil 862, y PAN, 34 mil 267. Entre los fallecidos, Morena registró 91 mil 296; PVEM, 16 mil 566; PT, 15 mil 052; MC, 9 mil 902; PAN, 7 mil 210, y PRI, 2 mil 726.
Pero la aritmética electoral también exige contexto. Morena concentra alrededor del 51% de todas las inconsistencias y 64% de los fallecidos, cifras políticamente incómodas. Sin embargo, después de la depuración conserva 11.63 millones de afiliados válidos. Si comparamos los registros observados contra el padrón válido final, las inconsistencias equivalen aproximadamente al 5% en Morena, frente a 29% en PT, 21% en PVEM, 12% en MC, 12% en PRI y 9% en PAN. No exonera a nadie; simplemente evita confundir cantidad con proporción.
Y jurídicamente hay otra precisión indispensable: tener muertos en el padrón no demuestra, por sí mismo, fraude electoral. Una defunción no actualizada puede ser una falla administrativa. Lo mismo ocurre con una credencial vencida. El problema cambia de naturaleza cuando existe una afiliación sin consentimiento, duplicidades no aclaradas o utilización indebida de datos personales. Ahí ya entra en juego el derecho constitucional de libre afiliación y pueden abrirse procedimientos sancionadores. El INE ha impuesto en 2026 multas millonarias precisamente por afiliaciones indebidas cuando los partidos no pudieron demostrar el consentimiento ciudadano.
La ley exige además que un partido nacional conserve militantes equivalentes al 0.26% del padrón electoral utilizado en la elección federal anterior. Para esta revisión, el piso fue de 256 mil 029 afiliados válidos, además de la dispersión territorial establecida legalmente. Los seis partidos superaron finalmente ese umbral.
¿Entonces inflar militantes da más dinero? No directamente. Y éste quizá sea el dato que desinfla la explicación más cómoda. El financiamiento público federal no aumenta porque un partido reporte más afiliados. Para 2027, el INE aprobó para los ocho partidos nacionales alrededor de 10 mil 843 millones de pesos entre distintas prerrogativas; para los partidos con antecedente electoral, la bolsa ordinaria se distribuye esencialmente con una fórmula de 30% igualitario y 70% conforme a la votación obtenida en la elección de diputados de 2024, no por número de militantes.
El beneficio de presumir un padrón enorme es, por tanto, principalmente político y organizacional: acreditar el mínimo indispensable para conservar el registro —especialmente relevante para partidos cercanos al umbral—, proyectar músculo territorial, fortalecer narrativas de crecimiento y disponer de una base potencial para movilización y vida interna. Mucha militancia luce bien en el discurso; otra cosa es que toda exista, esté vigente y quiera seguir ahí.
El asunto cobra mayor importancia porque el proceso electoral 2026-2027 ya comenzó. El próximo 6 de junio de 2027 se renovarán las 500 diputaciones federales y habrá elecciones concurrentes en todo el país, incluidas 17 gubernaturas.
El impacto de esta revisión no está en imaginar ejércitos de difuntos marchando hacia las urnas. Es más sencillo y más serio: los partidos son instituciones de interés público y sus padrones deberían ser uno de los registros políticos más confiables del país.
Los muertos, evidentemente, no votan. El problema comienza cuando los partidos tampoco saben con suficiente precisión quiénes son sus vivos.