El huachicol que no fue: cuando un “osote” eclipsa los resultados.
El Giocondo | Alejandro Flores de la Parra
22 de octubre de 2026
En política, los errores de comunicación pueden terminar siendo más costosos que los problemas que se intentan resolver. Claudia Sheinbaum acaba de comprobarlo: los 59 millones de litros de combustible asegurados en Guanajuato, presentados como parte de un histórico golpe al huachicol, resultaron tener procedencia legal. Una victoria anunciada precipitadamente terminó convertida en un auténtico “osote”.
La presidenta reconoció que la terminal de Grupo Simsa contaba con los permisos correspondientes y que las irregularidades detectadas en el transporte fueron aclaradas. El problema no fue investigar posibles delitos, sino permitir que una sospecha adquiriera dimensiones de triunfo antes de contar con pruebas concluyentes.
El anuncio surgió de autoridades de Guanajuato, la Fiscalía General de la República encabezó las investigaciones y la propia presidenta destacó inicialmente la importancia del operativo. La responsabilidad institucional es compartida, pero sus consecuencias políticas inevitablemente alcanzan a Palacio Nacional.
Lo paradójico es que semejante tropiezo ocurre cuando el gobierno tiene resultados energéticos que legítimamente podría presumir.
Pemex informó que, respecto a 2018, la producción de gasolinas, diésel y turbosina aumentó 186%, mientras que el procesamiento de crudo en refinerías mexicanas creció 81%. También reportó una reducción de 21% en su deuda financiera frente a 2024, ubicándola en 77,500 millones de dólares. Son avances relevantes que merecen reconocimiento.
Sin embargo, el análisis exige matices. El incremento de 186% incluye la producción de Deer Park, refinería ubicada en Estados Unidos. Además, la reducción del endeudamiento ha requerido un considerable respaldo de las finanzas públicas: solamente durante el primer semestre de 2026, Pemex recibió 100,400 millones de pesos en aportaciones gubernamentales.
La inversión prevista de 1.85 billones de pesos hacia 2030 representa una apuesta importante, aunque todavía deberá traducirse en productividad, rentabilidad y sostenibilidad financiera.
Otro desafío es el gas natural. Sheinbaum descartó compromisos para incrementar sus compras a Estados Unidos, una posición políticamente significativa, pero que no elimina nuestra dependencia energética. La Administración de Información Energética estadounidense documentó exportaciones por gasoducto hacia México de 6,400 millones de pies cúbicos diarios, en promedio, durante 2024.
Aquí aparece la contradicción central: el gobierno tiene avances para defender, pero su propia comunicación termina debilitando su credibilidad.
Los asesores presidenciales deberían comprender que comunicar eficazmente no significa celebrar cada operativo, sino distinguir entre indicios, resultados comprobados y objetivos pendientes. La prudencia informativa también es una herramienta de gobierno.
Sheinbaum merece que sus resultados sean evaluados con objetividad, reconociendo avances y señalando insuficiencias. Pero también necesita colaboradores capaces de impedir que los errores evitables secuestren la conversación pública.
Porque, al final, un gobierno puede producir más combustible, reducir su deuda y anunciar inversiones millonarias; pero si no cuida la veracidad de sus mensajes, termina dilapidando su recurso político más valioso: la confianza.
Y esa, a diferencia del petróleo, no se recupera simplemente aumentando la producción.
