Por: Jorge Ánima
Inversión pública y participación ciudadana: eje del desarrollo urbano en Durango
En la política local, pocas veces se logran conjugar tres elementos que la ciudadanía suele exigir con insistencia: participación real, aplicación transparente de los recursos y proyectos que impacten en la identidad social. En esta ocasión, el regidor Nacho Orrante ha sido una de las voces que ha colocado sobre la mesa una noticia que, más allá del anuncio, refleja una ruta interesante en la dinámica del gobierno municipal encabezado por Toño Ochoa.
Esta semana comenzarán a materializarse las obras seleccionadas por los propios duranguenses a través del esquema de presupuesto participativo. No se trata de un dato menor. Son 47 proyectos los que estarán arrancando con una bolsa de 100 millones de pesos, cifra que, vale la pena recordar, inició con apenas 50 millones en su etapa inicial. El crecimiento del recurso habla, en principio, de una aceptación ciudadana y también de una apuesta institucional por fortalecer este mecanismo democrático que permite a la población decidir en qué se invierte parte del dinero público.
Uno de los proyectos que más llama la atención es la iluminación turística del Templo de Santa Ana, una iniciativa que busca no solo embellecer el inmueble, sino convertirlo en un referente visual y cultural dentro del Centro Histórico. La propuesta contempla una iluminación técnica y turística similar a la que hoy presume la Catedral Basílica Menor, lo que permitiría resaltar su arquitectura y consolidarlo como un nuevo punto de encuentro para visitantes y locales.
El propio Orrante ha señalado que la intención es dignificar estos espacios que forman parte de la historia e identidad duranguense. Sin embargo, el proyecto no se limita a un solo recinto religioso. Forma parte de un plan más ambicioso que contempla la creación de circuitos iluminados en el Centro Histórico, integrando sitios emblemáticos como el Templo de Analco, el Templo del Sagrado Corazón y el Templo del Cerro de los Remedios.
La apuesta es clara: convertir estos espacios en rutas que narren el origen y la evolución de Durango, generando turismo, fortaleciendo la convivencia familiar y, por supuesto, detonando actividad económica en la zona.
Ante la desición de poner al centro al ciudadano y el manejo de recurso público hay un aspecto que es determinante y pocas veces visible: la disposición administrativa para que los proyectos caminen. En este caso, destaca la participación del director de finanzas, Obed Jiménez Casales, quien ha mostrado apertura para entender que la correcta aplicación del recurso público no solo responde a números, sino a resultados tangibles que impacten en la calidad de vida de los ciudadanos.
El presupuesto participativo, cuando se ejecuta con responsabilidad, no solo construye obras, también construye confianza. Y en tiempos donde la credibilidad institucional suele enfrentar desafíos constantes, cada proyecto concluido representa un mensaje claro de que la participación ciudadana puede trascender del discurso a los hechos.
Durango observa así cómo, entre luminarias y proyectos urbanos, se intenta trazar una ruta donde la ciudadanía no solo opine, sino que decida.
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