Toño Morales y la CNC: entre la defensa del campo y la construcción política de Durango
Por: Jorge Anima
En una época marcada por el pragmatismo y la conveniencia el caso de “Toño” Morales es distinto, ya que se dice priísta de “hueso colorado” y ha decidido permanecer en su partido, trabajar desde su trinchera y construir incluso cuando los reflectores y las candidaturas apuntan hacia otros.
Cada vez es más común ver a personajes oportunistas que utilizan a los partidos políticos como simples plataformas personales. Mientras hay candidaturas, aparecen sonrientes, leales y comprometidos; cuando no las consiguen, cambian de camiseta, de discurso y hasta de principios con una facilidad sorprendente, pero estos escenarios parecen ser muy distintos a la lealtad del Dirigente Estatal de la CNC.
A sus 39 años, el dirigente estatal de la Confederación Nacional Campesina (CNC) en Durango representa una generación distinta dentro del priismo. No es un político improvisado ni un personaje surgido de la coyuntura. Ha sido dirigente municipal del PRI, regidor del Ayuntamiento de Durango y hoy encabeza una de las organizaciones campesinas con mayor legado .
Su frase resume una forma de entender la política:
«Los buenos priistas no abandonan el partido cuando no son candidatos; se quedan, trabajan y construyen desde cualquier trinchera.»
Y en tiempos donde la lealtad parece estar en extinción, esa declaración tiene un peso específico.
Pero hablar de Toño Morales también obliga a hablar de la CNC.
Fundada hace 88 años, la Confederación Nacional Campesina no es solamente una organización política. Es una institución ligada a la historia agraria de México. Fue testigo del reparto agrario, del nacimiento de miles de ejidos y de la construcción del campo moderno mexicano.
Hoy, en una época donde el campo enfrenta abandono presupuestal, caída de precios, crisis de comercialización y competencia desigual por las importaciones, la CNC ha retomado un papel de defensa y gestión que parecía olvidado.
Ahí es donde aparece la figura de Toño Morales.
Mientras otros dirigentes prefieren la comodidad del escritorio, él ha convertido la carretera en oficina. Lo mismo se le ve en los llanos frijoleros que en la sierra, en La Laguna o en las quebradas. Ha llevado la voz de los productores duranguenses hasta la Ciudad de México y ha encabezado movilizaciones para exigir mejores condiciones para el campo.
Su principal señalamiento es directo: el problema del productor no está en sembrar, sino en vender.
Morales sostiene que México perdió el rumbo cuando sustituyó los programas productivos por programas asistenciales. Mientras los agricultores de Estados Unidos y Canadá reciben apoyos para producir y competir, el campesino mexicano enfrenta solo el aumento de costos, la falta de incentivos y mercados cada vez más desiguales.
Su propuesta es clara:
Impulsar nuevamente programas de concurrencia.
Fortalecer la sanidad agropecuaria.
Frenar importaciones que afectan al productor nacional.
Mejorar los esquemas de comercialización.
Defender la propiedad social de los ejidos.
Generar oportunidades para que los jóvenes vuelvan a ver en el campo una alternativa de vida.
No es casualidad que su nombre aparezca cada vez más en las conversaciones rumbo a 2027.
De hecho, una publicación reciente de La Referencia que lo colocó junto a otros actores políticos del tercer distrito alcanzó más de 136 mil visualizaciones. La cifra no define elecciones, pero sí refleja algo importante: Toño Morales ya forma parte de la conversación pública.
Y aunque él mismo insiste en que su prioridad es la CNC, resulta evidente que su presencia política crece.
Otro elemento que explica ese crecimiento es su cercanía con el gobernador Esteban Villegas.
Morales reconoce públicamente el respaldo que el Gobierno del Estado ha otorgado al sector agropecuario en momentos donde el apoyo federal ha sido insuficiente. Semillas, suplementos alimenticios, programas de apoyo y mezcla de recursos con municipios han permitido mantener viva la actividad productiva en muchas regiones.
Para la CNC, la administración estatal ha entendido algo fundamental: sin campo no hay desarrollo.
Esa coincidencia de visión entre Esteban Villegas y Toño Morales ha fortalecido una relación institucional que hoy tiene resultados visibles en territorio.
Sin embargo, el dirigente campesino también ha demostrado que no teme confrontar cuando considera que los intereses de los productores están siendo afectados. Sus críticas al manejo federal del frijol, a la reducción de recursos para la sanidad agropecuaria y a la política de importaciones han sido constantes y frontales, su discurso busca posicionarse como una voz de defensa del sector rural.
Quizá por eso su figura comienza a generar expectativas.
Porque en una época donde abundan los políticos de redes sociales, Toño Morales sigue apostando por la política de territorio. Porque mientras muchos buscan una candidatura, él insiste en construir organización. Porque mientras otros cambian de partido según la conveniencia del momento, él presume una trayectoria de congruencia.
El tiempo dirá hasta dónde llega su proyecto político.
Lo que hoy resulta innegable es que Antonio Morales ha logrado algo que pocos consiguen: convertirse en una referencia rumbo al 27 y también cuando se habla del presente y del futuro del campo duranguense.
Y en política, ser parte de la conversación suele ser el primer paso para convertirse en protagonista.
Hasta ahorita no se si le alcance para estar dirigiendo un instituto político o en la boleta
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