Por: Jorge Ánima
Jorge Herrera Castro: El apellido es Referencia , pero el presente habla
Hay apellidos que en política no necesitan presentación. Estos Llegan antes que quien los porta pero ahora traza su propio camino, el ahora Regidor goza del legado de su Padre Jorge Herrera Delgado quien fue conocido como el caballero de la política
El de Jorge Herrera Castro es uno de ellos.
Pero precisamente por eso, su primer año como regidor del Ayuntamiento de Durango tiene una lectura que va más allá de una posición dentro del Cabildo. Para alguien con una historia familiar ligada al servicio público, y por su madre al ambitos empresarial,el reto no consiste únicamente en ocupar un espacio: consiste en construir una identidad propia sin comparar s del legado que lo precede.
Y ahí está, quizá, la parte más interesante de su historia.
Herrera Castro no habla de la política únicamente desde la política. Su formación como ingeniero mecatrónico y su experiencia empresarial lo llevan a mirar el gobierno con una lógica distinta: procesos, eficiencia, automatización, resultados y capacidad para detectar dónde algo puede hacerse mejor, todo para mejorar la calidad de vida de los duranguenses
Puede sonar técnico. En realidad, es bastante político.
Porque buena parte de los problemas de una administración pública no siempre nacen de la falta de recursos, sino de procesos que pueden ser lentos, duplicados o poco eficientes.
Desde esa perspectiva entiende algunos de los proyectos que hoy identifica como relevantes para Durango: las clínicas de salud familiar, el programa de pavimentación con concreto hidráulico y el presupuesto participativo, con el que se busca que la ciudadanía tenga mayor capacidad para decidir sobre las obras y necesidades de sus comunidades.
Este último punto merece especial atención.
En tiempos donde los gobiernos suelen medir su cercanía con la gente a partir de discursos y fotografías, darle al ciudadano capacidad de decisión sobre el destino de una parte del presupuesto representa una discusión distinta: no solamente qué hace el gobierno, sino quién decide qué debe hacerse.
Herrera Castro también coloca sobre la mesa asuntos menos rentables políticamente, pero importantes para una ciudad. El rezago educativo y el aprovechamiento de los residuos orgánicos forman parte de esa agenda. Su propuesta de convertir parte de esos residuos en composta apunta a una lógica de sostenibilidad que todavía tendrá que probarse en la práctica, pero que habla de una visión que intenta ir más allá de la administración del día a día.
Y está, por supuesto, el apellido.
Herrera Castro reconoce la responsabilidad que implica llevar una historia política familiar, pero parece tener claro que ningún legado garantiza una segunda parte de la historia.
El apellido puede generar expectativas. La gestión es la que termina respondiéndolas.
A un año de distancia, todavía sería prematuro hablar de una trayectoria consolidada. Sí puede hablarse, en cambio, de un regidor que intenta encontrar una ruta propia dentro del Ayuntamiento: con una formación técnica, una experiencia empresarial y una referencia política familiar que inevitablemente estará bajo la lupa.
Quizá ahí esté su principal desafío.
No demostrar de dónde viene.
Demostrar hacia dónde puede llegar.
Porque en política, la herencia explica muchas veces el punto de partida.
Pero nunca debería confundirse con el punto de llegada.
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