POR: LILY ORTIZ
La confianza de las urnas no es un cheque en blanco
Con la reciente toma de protesta de las y los 39 alcaldes en Durango, se abre un nuevo capítulo para los municipios, pero también un momento de profunda reflexión ciudadana. Desde las urnas, la sociedad ha depositado su confianza en quienes hoy asumen el encargo, un voto que no solo legitima, sino que compromete. El verdadero reto comienza ahora: demostrar que la confianza no fue en vano.
Particularmente, en la capital destaca Toño Ochoa, quien se convierte en el primer presidente municipal en lograr la reelección; su triunfo no solo es un hecho histórico, sino también una doble responsabilidad; ser reelecto significa que la ciudadanía respaldó su proyecto inicial, pero al mismo tiempo exige resultados mayores, con una vara más alta. La continuidad, en política, es un premio y un desafío: mantener lo que se hizo bien y corregir lo que aún está pendiente; y hacer aún mejor lo que dio resultados.
¿Qué espera la ciudadanía de sus ayuntamientos? Obviamente no discursos, no promesas, sino hechos tangibles. Desde el mejoramiento de los servicios básicos agua, pavimentación, alumbrado, seguridad; hasta la construcción de obras emblemáticas que dejen huella y aporten al desarrollo local. El reclamo social es claro: que las presidencias municipales se conviertan en verdaderos motores de bienestar.
Hoy, más que nunca, la gente está ávida de buenos gobiernos; el color del partido o la corriente política pasan a segundo plano frente a la eficacia y la honestidad. Lo que importa es gobernar bien, con sensibilidad y resultados; al final del día, los alcaldes no son figuras intocables: son empleados de los ciudadanos, y el que entienda esa lógica básica tendrá mayores posibilidades de convertirse en un buen gobernante.
El reto no se limita a la figura del alcalde o la alcaldesa, la expectativa también se extiende al equipo que cada uno designe en las direcciones estratégicas. De esas decisiones dependerá el buen funcionamiento administrativo de los ayuntamientos, pues no se puede aspirar a un gobierno eficiente con equipos improvisados o cuotas políticas mal negociadas. La ciudadanía espera profesionales, no improvisaciones.
Durango vive un momento de expectativa positiva; los 39 alcaldes, cada uno con sus realidades y contextos, tienen ante sí la oportunidad de marcar un antes y un después en sus municipios. Si entienden que gobiernan para servir y no para servirse, podrán cumplir con la misión que el voto les encomendó. De lo contrario, la misma ciudadanía que les otorgó confianza sabrá también exigirles cuentas.
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