POR: LILY ORTIZ
Lo que se está diciendo sin decirlo
En política, muchas veces lo más importante no está en lo que se dice públicamente, sino en lo que empieza a cambiar alrededor del discurso.
Lo ocurrido con Rubén Rocha Moya en Sinaloa, sus licencias, su breve regreso al cargo y la posterior designación de una gobernadora interina, puede parecer un asunto local. Pero quizá sea más que eso; Sinaloa podría ser apenas la punta del iceberg de una discusión mucho más amplia dentro de Morena y de la Cuarta Transformación: hasta dónde llega la lealtad política cuando sostener a determinados personajes comienza a representar un costo.
Ahí adquiere especial relevancia la postura de Claudia Sheinbaum; la Presidenta ha planteado que quienes se encuentran bajo investigación deben valorar si es conveniente mantenerse en el cargo. Formalmente, la decisión corresponde a cada funcionario; pero políticamente, el mensaje es mucho más contundente; ciertamente, una investigación ya no puede considerarse solamente un problema personal cuando quien está señalado ocupa una responsabilidad pública.
Esto no significa una condena anticipada ni que una investigación implique culpabilidad, significa, sin embargo, que empieza a cambiar la forma en que el poder enfrenta los cuestionamientos sobre sus propios integrantes; y eso es lo verdaderamente interesante.
Personajes que antes eran defendidos con firmeza comienzan a ser tratados con cautela; y sí, viejas amistades políticas parecen convertirse en asuntos incómodos. Algunos morenistas empiezan a tomar distancia de figuras que hasta hace poco formaban parte del mismo círculo; no necesariamente porque hayan dejado de ser aliados, sino porque en política la cercanía también tiene costos.
La 4T enfrenta así una etapa distinta; ya no basta con señalar las prácticas del pasado; ahora tiene que demostrar que puede establecer límites dentro de sus propias filas. Si Morena quiere sostener su discurso de transformación, honestidad y combate a la corrupción, tendrá que demostrar que esos principios también se aplican cuando los cuestionamientos involucran a los propios.
Pero existe un riesgo, y es que el deslinde parezca selectivo y no institucional, es decir, que algunos personajes sean respaldados mientras resultan políticamente útiles y después abandonados cuando representan un costo.
Por eso, lo que está ocurriendo podría tener mayor alcance que un conflicto estatal; Sinaloa puede estar mostrando el inicio de una nueva etapa, que es la de los deslindes, la depuración y la redefinición de lealtades dentro de la 4T.
Primero cambia el discurso, después cambia el respaldo, luego cambia la cercanía. Y finalmente, cambia la fotografía.
La pregunta de fondo no es solamente quién permanecerá en un cargo. Es quién seguirá siendo parte del proyecto político cuando la lealtad personal comience a competir con el costo institucional y electoral.
Porque en política, cuando alguien comienza a ser incómodo para todos, muchas veces ya no hace falta que lo expulsen. Simplemente dejan de nombrarlo.
HABLEMOS DE…
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