POR: LILY ORTIZ
Se acabó el Mundial… ahora empieza el verdadero partido
La Copa del Mundo terminó; se apagó la euforia de los estadios, concluyeron los festejos y el balón dejó de rodar. Ahora que el espectáculo quedó atrás, vale la pena mirar lo que realmente sigue para México. Porque, en realidad, el partido más importante apenas comienza.
Los grandes eventos deportivos son hoy plataformas de soft power, ese poder que permite a los países proyectar liderazgo, fortalecer relaciones y abrir espacios para el diálogo político y económico. Una fotografía entre mandatarios, una conversación informal o un saludo protocolario pueden convertirse, meses después, en acuerdos comerciales, inversiones o alianzas estratégicas.
Mientras el mundo dejaba atrás el Mundial, México retomó el tema que realmente definirá buena parte de su futuro económico: la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC.
La reunión que sostuvo la presidenta Claudia Sheinbaum con el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, junto con la tercera ronda de negociaciones encabezada por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, confirma que la prioridad ya no está en los reflectores deportivos, sino en preservar la competitividad de América del Norte.
Y hay razones para poner especial atención. Estados Unidos anunció modificaciones a su política arancelaria global. Sin embargo, México logró conservar una ventaja estratégica: alrededor del 85 por ciento de las exportaciones mexicanas continuarán ingresando al mercado estadounidense con arancel cero al cumplir con las reglas del T-MEC. En un contexto internacional marcado por nuevas barreras comerciales y una creciente competencia con Asia, no se trata de un dato menor. Es una señal de que el tratado sigue siendo el principal escudo comercial del país.
Las conversaciones también avanzaron en sectores clave como acero, aluminio, industria automotriz, cadenas regionales de suministro, agricultura, servicios electrónicos y fortalecimiento de la manufactura en América del Norte. Detrás de cada uno de estos temas hay miles de empleos, inversiones multimillonarias y la posibilidad de que México consolide su posición como el principal socio comercial de Estados Unidos.
Quizá por eso llama la atención un aspecto poco comentado de la reunión, el propio representante comercial estadounidense reconoció el liderazgo de la presidenta Sheinbaum y su disposición para fortalecer la relación económica bilateral. En diplomacia, ese tipo de mensajes rara vez son casuales. Forman parte de una estrategia para mantener abiertos los canales de diálogo en un momento en el que la economía mundial atraviesa una etapa de reconfiguración.
El verdadero desafío será la cuarta ronda de negociaciones, programada para septiembre en Washington. Ahí comenzarán a definirse temas mucho más sensibles que podrían marcar el rumbo económico de la región durante la próxima década.
Por eso, más que preguntarnos quién ganó la Copa del Mundo, quizá deberíamos preguntarnos si México logrará ganar el partido que realmente importa.
Porque el Mundial dejó fotografías para la historia; pero el T-MEC definirá inversiones, empleo, crecimiento económico y la competitividad del país durante los próximos años.
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