POR: LILY ORTIZ
215 años después, México gritó con voz de mujer
El pasado 15 de septiembre, los mexicanos fuimos testigos de un hecho que quedará grabado en los libros de historia y, más aún, en la memoria colectiva de varias generaciones; por primera vez en 215 años de vida independiente, una mujer encabezó el Grito de Independencia: la presidenta Claudia Sheinbaum.
Más allá de la solemnidad y la tradición que siempre acompañan a esta fecha, lo ocurrido en el Zócalo capitalino fue un símbolo poderoso de equidad y de transformación social. No era un Grito cualquiera: era el eco de siglos de lucha, de voces que habían sido calladas, de mujeres que desde la insurgencia hasta la vida pública actual han sostenido con dignidad a este país.
La escolta conformada únicamente por mujeres, la banda presidencial confeccionada por manos femeninas, y el vestido morado de la presidenta; color que simboliza la lucha por la igualdad y que rindió homenaje a artesanas y costureras mexicanas, todo esto, fueron señales claras de un nuevo tiempo. No fue casualidad que al nombrar a Josefa Ortiz lo hiciera con su nombre de pila “María Josefa Crescencia Ortiz Téllez-Girón” reivindicando su identidad propia, y no como la historia oficial la redujo durante años al apellido de su esposo. Ese gesto, pequeño en apariencia, retumbó con fuerza en la conciencia nacional.
A todos se nos erizó la piel al escuchar ese “¡Viva México!” firme, decidido y con una voz que representaba no solo a una mujer, sino a un país que comienza a reconocerse en igualdad; en la plancha del Zócalo, cientos de niñas miraban con asombro a una mujer en el balcón presidencial. Niñas que crecerán sabiendo que sí es posible llegar, que sí es posible romper techos de cristal, que sí es posible ocupar espacios de decisión y poder.
Porque este momento va más allá de partidos o ideologías: esto no se trata de política partidista, se trata de país. Se trata de México. Se trata de que solo en unidad, reconociendo y respetando la equidad, podremos alcanzar la nación justa y democrática que merecemos.
El desfile militar del día siguiente también dio muestras de esta nueva era. La presidenta encabezó con los altos mandos de las Fuerzas Armadas, enviando un mensaje firme de soberanía: ninguna injerencia extranjera es posible en nuestra patria, porque lo que sostiene a México es su pueblo y su convicción democrática. Con voz clara recordó las palabras de Vicente Guerrero: “La patria es primero”. Y ella lo transformó en una declaración contemporánea: “La soberanía es primero”.
Hoy, ese grito nos convoca a cerrar definitivamente la puerta al machismo, al explícito y a ese machismo disfrazado muchas veces de supuesto apoyo. México no puede seguir anclado en prejuicios del pasado; nuestro país ya está en otro nivel, y ese nivel exige respeto, justicia, equidad y unidad.
El Grito de este 15 de septiembre no fue solo un acto protocolario; fue un parteaguas, fue el inicio de una nueva narrativa nacional en la que las mujeres son protagonistas, y en la que cada mexicano y mexicana es llamado a sostener la patria con dignidad, orgullo y justicia.
Porque, al final, la independencia no se hereda: se construye todos los días. Y en este nuevo capítulo de nuestra historia, la igualdad ya no es un anhelo: es un camino que México ha comenzado a andar, obvio también depende de nosotros.
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