POR: LILY ORTIZ
Los decomisos que explican la presencia del Ejército
Las imágenes se han vuelto cada vez más comunes; convoys del Ejército Mexicano recorriendo carreteras, unidades de la Guardia Nacional instalando filtros de revisión, sobrevuelos de aeronaves y operativos en distintos municipios del estado, y es que hace algunos años eran escenas extraordinarias; hoy forman parte del paisaje cotidiano de Durango.
Y, paradójicamente, para muchos ciudadanos esa presencia no representa miedo, sino tranquilidad. Saber que las Fuerzas Armadas patrullan calles, carreteras y comunidades genera una sensación de protección en una entidad que durante años aprendió que la seguridad no puede darse por sentada.
Los recientes aseguramientos hablan por sí solos; vehículos con blindaje artesanal, armas de alto poder, cartuchos por miles, equipo táctico, explosivos y campamentos desmantelados han sido parte de los resultados anunciados en las últimas semanas. Cada operativo confirma que las corporaciones están encontrando infraestructura criminal que, de no ser localizada, representaría un riesgo mucho mayor para la población.
En ese contexto cobra relevancia el mensaje emitido durante el séptimo aniversario de la Guardia Nacional. El gobernador Esteban Villegas volvió a insistir en que la coordinación entre el Gobierno del Estado, el Ejército Mexicano, la Guardia Nacional, la Fiscalía y las distintas corporaciones de seguridad es la principal fortaleza de Durango para mantenerse entre las entidades con mejores indicadores de seguridad.
Y los hechos parecen respaldar ese discurso, difícilmente podrían concretarse operativos de esta magnitud sin una coordinación estrecha entre las instancias federales y estatales. La presencia permanente de las fuerzas de seguridad en prácticamente todas las regiones del estado refleja una estrategia conjunta que ha privilegiado el intercambio de inteligencia y la actuación coordinada.
Sin embargo, los propios resultados también abren una interrogante que vale la pena analizar.
Si hoy aparecen arsenales completos, vehículos tácticos y campamentos clandestinos, significa que esa capacidad operativa del crimen organizado existía. Cada decomiso representa un éxito para las autoridades, pero también evidencia el tamaño del desafío que enfrentan.
La pregunta entonces deja de ser únicamente cuántas armas fueron aseguradas o cuántos vehículos fueron decomisados. La verdadera discusión es qué sigue después.
Porque la seguridad no puede medirse solamente por la cantidad de aseguramientos, definitivamente el siguiente paso debe ser impedir que esos espacios vuelvan a ocuparse, mantener la presencia institucional y evitar que las organizaciones criminales reconstruyan su capacidad logística.
Durango vive hoy un momento distinto al de otras entidades donde la violencia domina la agenda diaria, pero esa estabilidad no parece producto de la casualidad, sino de una estrategia coordinada que ha permitido anticiparse en muchos casos antes de que los conflictos escalen.
No obstante, esa misma estrategia enfrenta ahora un reto mayor: demostrar que los operativos no son únicamente una respuesta temporal, sino parte de una política permanente que garantice que el armamento asegurado no vuelva a reemplazarse y que los grupos delictivos no recuperen terreno.
La ciudadanía parece haber entendido una realidad, ver al Ejército y a la Guardia Nacional en las calles ya no se interpreta como un síntoma de crisis, sino como una muestra de que el Estado está presente. La confianza, sin embargo, no se construye únicamente con patrullajes; se consolida cuando esa presencia se traduce en resultados sostenidos.
Los decomisos recientes son una buena noticia; la coordinación institucional también lo es. Ahora el desafío consiste en convertir esos éxitos operativos en una paz duradera, porque la seguridad no se gana en un solo operativo: se sostiene todos los días.
HABLEMOS DE…
POR: LILY ORTIZ Durango 2050; el objetivo de pensar más allá de gobiernos y trienios. En la política mexicana...