POR: LILY ORTIZ
Paloma Nicole y la urgencia de legislar en materia de salud estética
El caso de Paloma Nicole, la adolescente duranguense de apenas 14 años que perdió la vida tras someterse a múltiples cirugías estéticas, ha cimbrado a Durango y a todo el país; más allá del dolor y la indignación que provoca, este hecho debe ponernos frente a un espejo incómodo: ¿qué estamos normalizando como sociedad?, ¿qué estamos permitiendo en silencio?, ¿qué estamos dejando de legislar?
Los hechos se han difundido ampliamente, varios medios hemos documentado que las intervenciones fueron autorizadas por su madre, realizadas por la pareja sentimental de ella, un médico cirujano certificado; y practicadas en una clínica con permisos vigentes y regulada por la autoridad sanitaria en este caso COPRISED. Hoy la Fiscalía del Estado, espera los resultados de la necropsia y será la encargada de deslindar responsabilidades; pero más allá de lo judicial, este caso revela un vacío aún más grave: el ético y el legal.
En México no existe una regulación específica que establezca una edad mínima para someterse a cirugías estéticas; por increíble que parezca así es. La Ley General de Salud no contempla un marco que proteja a niñas, niños y adolescentes frente a procedimientos de este tipo; así el hecho de que Paloma Nicole haya pasado por un quirófano con 14 años no violaba ninguna disposición legal expresa, al menos no por el tema de la edad. Y aquí radica uno de los grandes problemas: hemos dejado un terreno de absoluta discrecionalidad.
Lo preocupante es que vivimos en una época en la que las cirugías estéticas se han normalizado y, peor aún, se han convertido en una aspiración social. Las redes sociales, los estereotipos de belleza y la presión cultural colocan a las nuevas generaciones en una situación de riesgo: creer que “operarse” es un camino natural para aceptarse o para encajar. Y no, no se trata de satanizar la cirugía plástica, que en muchos casos tiene fines reconstructivos o de bienestar, sino de preguntarnos hasta dónde puede y debe llegar, bajo qué condiciones y a qué edad.
El cuerpo de una adolescente de 14 años está todavía en desarrollo. Biológicamente no se ha completado la maduración que le permita resistir con seguridad una intervención de esta naturaleza; someterla a múltiples cirugías no solo fue riesgoso, fue desproporcionado y, hoy lo sabemos, trágico.
Por eso, lo ocurrido con Paloma Nicole debe marcar un antes y un después, su caso no puede quedarse en la estadística de muertes que duelen, indignan por unos días y después se olvidan; debe convertirse en un precedente que impulse cambios urgentes en la legislación. Tanto los congresos estatales como el federal tienen frente a sí la responsabilidad de establecer límites claros en la Ley General de Salud: una edad mínima, protocolos más estrictos, y sobre todo, un marco que anteponga la protección de niñas, niños y adolescentes sobre cualquier otro interés.
La sociedad también debe hacer su parte, como padres, madres, educadores y ciudadanos, tenemos que reflexionar sobre los mensajes que estamos transmitiendo a las nuevas generaciones en torno a la belleza, la aceptación y el valor personal, no podemos seguir alimentando la idea de que la única forma de encajar es modificando el cuerpo a cualquier costo.
La muerte de Paloma Nicole es, sin duda, una tragedia, pero sería doblemente trágico que de ella no aprendiéramos nada. Hoy hay un clamor social que exige justicia y sanción para los responsables, si los hay; pero también debe haber un clamor que nos exija a todos, autoridades, legisladores, familias y sociedad a trabajar para que no exista otra Paloma.
Porque honrar su memoria no será con el olvido, sino con acciones que eviten que la historia se repita; hoy no caben solo las buenas intenciones de ahora sí reformar leyes; sino de llevarla a los hechos. “Ley Nicole”.
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