POR: LILY ORTIZ
El giro en la movilidad de Durango
Desde el 1 de octubre, Durango estrenó un nuevo Reglamento de Tránsito y Vialidad que, más allá de un ajuste técnico en artículos y sanciones, representa un cambio de visión sobre la manera en que nos movemos en la ciudad; la medida más visible y polémica es la reducción de los límites de velocidad: de 60 a 50 km/h en bulevares y avenidas; 30 km/h en calles habitacionales y colectoras; y apenas 20 km/h en zonas escolares y hospitalarias.
La pregunta inmediata que surge en la opinión pública es: ¿por qué bajar la velocidad si ya de por sí nuestras vialidades se sienten lentas? La respuesta es tan sencilla como contundente: porque a menor velocidad, menor es el riesgo de accidentes fatales; un impacto a 50 km/h no tiene las mismas consecuencias que uno a 60 o más, y cuando hablamos de peatones, ciclistas o motociclistas, la diferencia puede ser literalmente entre la vida y la muerte.
El alcalde Toño Ochoa lo expresó con claridad: “Durango no es autopista”. Durante años, las vialidades principales fueron usadas como si lo fueran, con consecuencias dolorosas que han colocado a nuestra ciudad en los primeros lugares de accidentes viales mortales en el país; ahora bien, el nuevo reglamento busca frenar esa estadística y apostar por una cultura vial que priorice a peatones y ciclistas, algo que parece obvio pero que en la práctica había sido ignorado.
Ahora bien, reducir la velocidad no es solamente una responsabilidad de los conductores de vehículos de motor; la convivencia en el espacio público exige que todos asumamos un rol: los peatones deben respetar los cruces y los semáforos; los ciclistas, usar la infraestructura adecuada; y los automovilistas, aceptar que la prisa nunca debe estar por encima de la vida humana.
El reto no es menor, un reglamento por sí mismo no cambia conductas: se necesita educación vial, campañas de concientización y, sí, sanciones ejemplares para quienes insistan en poner en riesgo a los demás. Las anunciadas fotomultas o controles más estrictos podrán generar debate, pero lo cierto es que la impunidad al volante también es parte del problema.
Durango está en una etapa de transición hacia un modelo urbano más seguro, moderno y humano. No se trata de entorpecer la movilidad, sino de entender que las calles son un espacio compartido. Cada vez que bajamos la velocidad, estamos elevando las posibilidades de que alguien más o nosotros mismos lleguemos con bien a casa.
HABLEMOS DE…
POR: LILY ORTIZ ¿Quién vigilará a los que hoy prometen vigilar?Durante años, la clase política mexicana fingió no ver...