Francisco Zarco: memoria viva, discurso vigente y un gobierno que entiende a la prensa.
Por: Alejandro Flores de la Parra.
La conmemoración del 196° aniversario del natalicio de Francisco Zarco no fue un acto cívico más en el calendario oficial de Durango. Tampoco una simple ceremonia para cumplir con la formalidad republicana que obliga a honrar a los personajes ilustres. Fue, más bien, un ejercicio de memoria política: un recordatorio de que la libertad de expresión —esa palabra tan usada, tan desgastada y a veces tan incomprendida— nació de luchas concretas y de periodistas que se jugaron mucho más que likes o seguidores. Y entre ellos, Zarco ocupa un lugar privilegiado.
El Gobierno del Estado, acompañado por comunicadores y representantes de distintos órdenes institucionales, encabezó la guardia de honor y la colocación de la ofrenda floral frente al monumento del periodista duranguense. En representación del gobernador Esteban Villegas asistieron figuras clave de la administración estatal: el secretario General de Gobierno, Héctor Vela Valenzuela; el director de Comunicación Social, Víctor Hugo Hernández Fuentes; el secretario del Ayuntamiento, Bonifacio Herrera Rivera; y el diputado Noel Fernández Maturino. La presencia conjunta de autoridades y prensa envió un mensaje claro: el reconocimiento a Zarco no es solo histórico, sino profundamente actual.
Zarco: el liberal que convirtió la palabra en trinchera.
El discurso oficial estuvo a cargo de Daniel Reta, comunicador y director de Al Tiempo Noticias, quien ofreció una reseña que recordó por qué Zarco no es únicamente una estatua en una plaza, sino un referente indispensable para entender la prensa mexicana. Reta lo describió como uno de los periodistas, escritores y legisladores más influyentes del siglo XIX; un joven prodigio de la crónica parlamentaria cuya pluma no solo informó, sino que modeló el debate político que acompañó la Constitución de 1857.
Su estilo directo —que hoy le habría ganado un sólido número de seguidores y quizá uno que otro pleito en redes— era más que una forma de escribir: era una postura política. Zarco defendió la libertad de expresión cuando hacerlo implicaba riesgos reales, no simples cancelaciones digitales. Por eso su legado tiene una fuerza que resiste modas, partidos y coyunturas.
Reta subrayó que, gracias a figuras como él, la libertad de expresión dejó de ser un privilegio otorgado para convertirse en una conquista republicana. En tiempos donde este derecho vuelve a discutirse —a veces con poca seriedad y aún menos memoria—, la afirmación resuena con particular vigencia.
Un gobierno que entiende el valor de la prensa.
Tras la ceremonia, el director de Comunicación Social, Víctor Hugo Hernández Fuentes, reiteró que en Durango se trabaja con visión y que “vienen mejores tiempos”. Más allá de la frase —que en cualquier otro contexto podría sonar al clásico optimismo gubernamental— hay un elemento que distingue a esta administración: la relación con la prensa.
Desde el primer día del gobierno de Esteban Villegas, la comunicación con periodistas, analistas y generadores de opinión ha sido fluida, accesible y respetuosa. Algo que podría parecer obvio… pero que no siempre ocurre. En un país donde muchas veces hablar con los medios es visto como un riesgo, una amenaza o una molestia burocrática, la apertura del Gobierno del Estado ha sido un punto notable.
Parte de ese resultado recae en la conducción de Víctor Hugo Hernández Fuentes, quien ha logrado construir un puente efectivo entre las instituciones y quienes informan sobre ellas. No es menor: cuando la relación es transparente, el espacio público respira; cuando se cierra, se enrarece. Y Durango, al menos hasta ahora, respira bien.
La presencia conjunta de funcionarios y comunicadores en el homenaje a Zarco confirma esta dinámica. No fue un acto vertical, sino un gesto simbólico donde gobierno y prensa se reconocen mutuamente en un terreno fundamental: la defensa de la libertad de expresión. Un terreno que, por cierto, Zarco pavimentó con tinta, convicción y riesgo personal.
Zarco hoy: un espejo para todos.
El aniversario 196 de su natalicio nos obliga a preguntarnos si estamos a la altura de lo que él representó. Su ejemplo recuerda que informar no es solo reproducir datos, sino interpretar, cuestionar, explicar y —cuando es necesario— incomodar. Y también recuerda que el poder político tiene la responsabilidad de garantizar que la crítica no solo sea tolerada, sino valorada como parte esencial de la vida democrática.
En ese sentido, el gesto del Gobierno del Estado no es menor: reivindicar a Zarco es reivindicar una visión republicana donde la prensa no es un adversario, sino un contrapeso necesario. Y cuando esa visión se acompaña de una relación institucional de respeto, la conmemoración deja de ser un acto simbólico para convertirse en una práctica.
Durango celebró a Zarco, sí, pero también se celebró a sí mismo: a su prensa activa, a sus comunicadores, a sus analistas, y a un gobierno que —al menos en este capítulo— parece entender que la libertad de expresión no se administra, se respeta.
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