Sarampión: pecado de omisión
Por: Eduardo Serrano
Durante el gobierno de López Obrador, efectivamente, se dio una transformación en el Ambiente Político mexicano. Hubo cambios significativos en materia social, sin embargo, también hubo graves omisiones, en diferentes rubros. El Dr. Jorge Alcocer, entonces titular de la Secretaría de Salud, pasó inadvertido, mientras que el subsecretario, Hugo López-Gatell, adquirió el protagonismo de la dependencia, pero, no precisamente por un brillante desempeño, sino por la serie de pifias, declaraciones ridículas, y muertes por el mal manejo con el que marcó la triste etapa de la pandemia por COVID-19 en nuestro país. Ahora, ante a los desafíos que enfrenta el gobierno de Claudia Sheinbaum por el brote de sarampión, los Justos del Pueblo Sabio, están pagando por los Pecadores del sexenio pasado.
El sistema de Salud de México, jamás ha estado como el de Dinamarca, así como lo señalaba el tabasqueño, país que por cierto, registra un mínimo de casos de sarampión, gracias a su alta cobertura en vacunas. Por el contrario, en nuestro país las cosas se están tornando muy complicadas, con el repunte de casos, acumulando cerca de 8 mil 500 contagios, entre los que se contabilizan por lo menos 27 defunciones, derivado del abandono total al Sistema Nacional de Vacunación, en tiempos de AMLO. Esto, en definitiva, no es cosa menor. Entidades como el Estado de México, a pesar de ser de las que menos casos registran, han tomado la decisión de implementar el uso obligatorio del cubrebocas en escuelas, tras haber contabilizado 29 nuevos contagios de sarampión.
Este pecado de omisión sanitaria, ha colocado a México como el país de América Latina con mayor aumento de contagios de sarampión, donde la mayoría de los casos, corresponden a personas sin inmunización previa, es decir, sin su esquema de vacunación, de acuerdo con la información proporcionada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). De verdad, no había motivos para abandonar el Sistema Nacional de Vacunación del periodo “neoliberal”, puesto que el sarampión estaba prácticamente erradicado, de hecho, el último caso autóctono en nuestro país, tuvo lugar en 1995. Por eso, en este y otros rubros, la presidenta Sheinbaum está pagando un precio muy caro por los pecados de su antecesor.
A pesar de los esfuerzos del Gobierno Federal y los gobiernos estatales para frenar el avance del sarampión, esta es una enfermedad altamente contagiosa, que ha encontrado en México un campo fértil para disiparse rápidamente, dado que las acciones preventivas, simplemente, no existieron. Expertos señalan que la propagación del sarampión, solo se va a detener en México, cuando se alcance una inmunidad superior al 95% de la población, por lo tanto, la penitencia del Sector Salud implica una vacunación masiva que, lamentablemente, va arrancando en “Cuarta”, y en subida. Para qué le buscamos más, el sarampión es un pecado de omisión del sexenio anterior; no hay manera de culpar esta vez a Calderón o a los conservadores, en serio… no hay manera…
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