8M; cuando la lucha se politiza.
Por: Juvenal Rosales Flores
En Durango, el 8 de marzo parece haber extraviado su sentido original, ya que lo que nació como una expresión colectiva de dolor, memoria y exigencia de justicia para las mujeres, hoy previo a la realización de la Marcha del 8M, se encuentra envuelto en disputas internas, lecturas ideológicas y una creciente politización que ha desplazado el centro de la lucha.
El debate no surge de la nada. En la memoria reciente permanece el episodio ocurrido el año pasado durante la marcha feminista, cuando personas encapuchadas incendiaron parte de las instalaciones del Congreso del Estado; en aquel momento, mientras el fuego se propagaba, mujeres y hombres trabajadores del Poder Legislativo aún se encontraban dentro del edificio y tuvieron que alejarse para ponerse a salvo.
A consecuencia de esos hechos, una agente de la Policía Estatal resultó afectada, al igual que elementos de Bomberos y de Protección Civil que acudieron de inmediato para controlar el incendio y evitar una tragedia mayor. El episodio marcó un antes y un después en la percepción pública de las movilizaciones feministas en Durango.
Ese antecedente explica, en buena medida, los lineamientos emitidos por las organizadoras durante la Asamblea 2026 para la marcha 8M, conformada por colectivas feministas como la denominada “Tribu Durangueña”, particularmente el llamado a no utilizar capucha durante la movilización y la postura asumida respecto a la participación de mujeres trans, decisiones que detonaron una fractura visible dentro del movimiento.
Sin embargo, integrantes del Bloque Negro, de la Red de Colectivas o como algunas las llaman, “la tropa de abajo”, manifestaron su desacuerdo con estos lineamientos, al considerar que se criminaliza una práctica que, para muchas activistas, no representa violencia sino una forma de protección.
Para estas mujeres, cubrirse el rostro no es un acto de confrontación, sino una medida de seguridad ante los antecedentes de agresiones, señalamientos y represalias por participar en marchas feministas. Solicitar que todas marchen descubiertas, sostienen, implica exponerlas innecesariamente al riesgo.
El desacuerdo va más allá de lo operativo. Las colectivas críticas denunciaron que el movimiento feminista en la entidad ha sido utilizado por actores y partidos políticos para obtener beneficios personales o institucionales, derivando en intentos de conducción y apropiación de una causa social legítima.
Según estas voces, dicha instrumentalización ha generado control, centralización de decisiones, imposición de narrativas únicas y la definición de quién puede y quién no puede participar en las movilizaciones, rompiendo con el carácter horizontal que históricamente ha distinguido al feminismo.
Para ellas, el alzar la voz el 8M debe servir para reflexionar y exigir justicia para todas las mujeres que han sido violentadas, agredidas y asesinadas, no para someter la protesta a filtros ideológicos ni a estructuras de poder.
En contraste, la “Tribu Durangueña”, dieron a conocer los acuerdos para la organización de la marcha, destacando que la movilización se concibe como un acto pacífico, colectivo y consciente.
En esta asamblea participan figuras visibles del activismo como Gloria Arreola Gamboa, activista e integrante de Movimiento Ciudadano; Julieta Hernández, de “Sí hay mujeres en Durango”; Jennifer de la Torre, activista de Morena y catedrática de la FADER, entre otras, como Paloma Barraza; lo que introduce inevitablemente una lectura política en la conducción del movimiento.
También pesa el contexto de 2025, cuando se registraron hechos violentos y la presencia de personas infiltradas durante movilizaciones, quienes incendiaron puertas y oficinas del Congreso del Estado, incrementando la desconfianza interna y avivando el debate sobre seguridad, límites y autonomía.
Por ello, la “Tribu Durangueña” acordó invitar a no marchar encapuchadas, aclarando que no se trata de una prohibición y que cada mujer decidirá libremente. Asimismo, se informó que el bloque de seguridad no cubrirá su rostro y que la marcha retomará su ruta habitual por la avenida 20 de Noviembre, de Canal 12 a la Plaza de Armas.
Sin embargo, el fondo del debate no es la capucha ni la logística, sino el riesgo de que el feminismo en Durango quede atrapado entre intereses políticos, protagonismos y mecanismos de control.
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