El reto viral que puede vaciar escuelas.
Por: Juvenal Rosales Flores
Durango está viviendo una alerta que no se mide únicamente en estadísticas, sino en el nerviosismo de los padres, en la incertidumbre de los maestros y en el miedo silencioso de los estudiantes, ante amenazas que se realizan en escuelas públicas y particulares como parte de un “reto viral” en TikTok.
Que se registren hasta 10 amenazas diarias de alumnos que advierten llevar armas o realizar tiroteos en instituciones debe encender todas las alarmas. Aunque se trate de un fenómeno generalizado en los 32 estados de la República, lo cierto es que confirma que estamos frente a un patrón nacional que comienza a normalizarse.
Lo grave no es solo que existan amenazas. Lo verdaderamente alarmante es que el miedo se ha convertido en un producto replicable, en una especie de juego macabro donde el pánico es parte del entretenimiento. Lo que antes era una llamada de extorsión o un rumor escolar, hoy es un “reto viral” empaquetado en redes sociales, compartido como si la vida fuera una broma.
Y ahí está el punto central, no estamos enfrentando únicamente un tema de seguridad escolar, sino una transformación social donde el internet ya no es solo una herramienta, sino un formador de conducta. Si más de 22 millones de menores usan internet y cerca de 17 millones están activos en redes sociales, significa que el aula ya no termina en la escuela: el aula ahora está en la pantalla.
En ese mundo digital, la autoridad de los padres compite contra algoritmos. Y esa competencia es desigual. Porque un padre trabaja, se cansa, llega tarde y corrige cuando puede; mientras que el celular educa todo el día, sin descanso, sin filtro y sin valores.
Lo ocurrido en la Secundaria General Reyes Heroles, en el CBTIS 130, en el Colegio Rex de la capital, así como en Guadalupe Victoria, en el CBTA 171, donde se generó pánico por la supuesta presencia de armas, amenazas de tiroteos o incluso advertencias de bomba, refleja una realidad incómoda: basta un mensaje para desatar el caos. Ya no se necesita una amenaza real, basta la percepción. El miedo se volvió viral y la sociedad se volvió vulnerable.
El riesgo no está únicamente en que un estudiante lleve un arma, sino en que un estudiante descubra que puede paralizar una escuela completa con una publicación falsa. Eso significa que estamos ante una nueva forma de violencia, la violencia psicológica colectiva, donde el objetivo es desestabilizar y la herramienta es el rumor digital.
En temas de seguridad escolar, el exceso de confianza es un lujo que no se puede pagar. Se debe actuar con prudencia, sí, pero también con firmeza, porque una amenaza repetida mil veces deja de ser broma y se convierte en costumbre.
La propuesta de la Secretaría de Educación del Estado, dada a conocer por su titular Guillermo Adame, de crear una Comisión Estatal para la Atención de Riesgos Digitales, es un paso acertado. Incluir a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, a padres de familia y a consejos ciudadanos suena bien y refleja una verdad: este fenómeno no se combate solo con policías. Se combate con estrategia, coordinación, campañas permanentes y vigilancia tecnológica.
En el Congreso del Estado, el coordinador del Grupo Parlamentario del PAN, Alejandro Mojica, puso sobre la mesa una discusión inevitable, castigar penalmente las amenazas. Y tiene razón en un punto, si alguien amenaza con un tiroteo, aunque sea “broma”, está atentando contra la tranquilidad pública, la integridad escolar y el derecho a la educación. Eso no puede seguir tratándose como una travesura juvenil.
Sin embargo, el enfoque penal, aunque necesario, no puede ser la única respuesta, meter a la cárcel a un adolescente por repetir un reto viral, sin atender el origen del problema, sería como apagar una fogata sin revisar el combustible. La ley debe sancionar, sí, pero el sistema educativo debe prevenir y la familia debe acompañar.
En este contexto, la familia no puede delegar la crianza a un celular, debe supervisar, limitar horarios, revisar contenido, hablar con sus hijos y entender que un menor de 12, 13 o 14 años no tiene la madurez emocional para navegar solo en un mundo donde la violencia se disfraza de entretenimiento. No se trata de prohibir internet, se trata de enseñar a vivir con él sin perder el control.
Ahora, Durango se enfrenta a un enemigo moderno, no es un criminal visible, sino un fenómeno viral que combina inmadurez, manipulación y cultura digital sin límites. Ojalá estas amenazas no terminen convirtiéndose en una tragedia real.
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