Por: Iraí De La Fuente
MÁS ALLÁ DE LA EFEMÉRIDE
En la vida pública, la diferencia entre cumplir y trascender muchas veces se define en pequeños detalles que se revelan cuando se observa con detenimiento, pues no todo ejercicio institucional tiene el mismo peso, aunque en apariencia forme parte de una rutina. Si bien hay conmemoraciones que destacan más que otras por su significado social, en este caso resalta el lugar que se le dio a la infancia y el reconocimiento institucional que se le brindó desde el Congreso del Estado, a través de un ejercicio de participación genuina.
Hay acciones que, por la forma en que se ejecutan, dejan ver con claridad el fondo del compromiso social de quienes las impulsan. En este sentido, el dip. Ernesto Abel Alanís Herrera, presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del Estado, ha mostrado esa claridad, como se percibió el pasado 30 de abril durante la realización del Parlamento Infantil 2026.
Además, este año el Parlamento Infantil reflejó algo que pocas veces se logra materializar con autenticidad: la pluralidad, que en este caso se posiciona como una realidad palpable, pues las voces que se escucharon provinieron de contextos diversos: niñas y niños de escuelas públicas y privadas, así como participantes con alguna condición de discapacidad que, además de estar presentes, consagraron el sentido de la inclusión al alzar la voz.
Lo que hizo Ernesto Alanís Herrera con el Parlamento Infantil 2026 merece reconocerse más allá del protocolo, pues no es menor apostar por un ejercicio con contenido y con un enfoque formativo. Es justamente en este tipo de decisiones donde se distingue un liderazgo que no se limita a cumplir, sino que busca darle sentido a cada acción pública.
En este caso, uno de los mayores aciertos radica en la forma, al convertir el 30 de abril en un espacio donde la inclusión, la pluralidad y la cercanía se hicieron visibles, reiterando que una manera de conducir la política también se construye en lo cotidiano, en los detalles, en esos momentos en los que se escucha y se valida la voz de quienes pocas veces son tomados en cuenta, como las infancias.
Al final, hay una regla no escrita en la vida pública: quien hace bien las cosas en lo grande también las cuida en lo pequeño, y eso es precisamente lo que se refleja en este tipo de ejercicios, pues así como se atienden los temas que están bajo la lupa pública o que marcan la agenda mediática, también se asumen con seriedad aquellos espacios que, aunque no generen el mismo impacto inmediato, tienen un profundo valor social.
Hay decisiones que no ocupan titulares, pero que construyen confianza, forman ciudadanía y dejan bases para el futuro; en ese sentido, apostar por hacer lo correcto incluso en los temas de menor reflectividad habla de una forma de entender el servicio público con consistencia, y es ahí donde las acciones, por sencillas que parezcan, encuentran la posibilidad de trascender.
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