¿Qué ha cambiado en el Poder Judicial del Durango después de magistrados y jueces electos por la ciudadanía?
La reconfiguración del Poder Judicial en Durango, derivada de la llegada de magistradas, magistrados, juezas y jueces electos por la ciudadanía, no solamente modificó la manera de acceder a los cargos jurisdiccionales; también comenzó a transformar, poco a poco, la relación entre la justicia y la opinión pública. El cambio más visible hasta ahora no necesariamente se encuentra en las sentencias o en las resoluciones judiciales, sino en la comunicación.
Durante décadas, el Poder Judicial fue percibido como una institución lejana, hermética y prácticamente invisible para gran parte de la ciudadanía. La actividad jurisdiccional permanecía encerrada entre expedientes, acuerdos y audiencias de las que poco se sabía fuera del ámbito jurídico. Hoy, a menos de un año de aquella reconfiguración inédita del Poder Judicial local, comienzan a observarse nuevas dinámicas que intentan acercar la institución a la sociedad.
Uno de los aspectos más evidentes tiene que ver con el uso de las redes sociales y con el modelo de comunicación pública que lentamente empieza a construirse. Diversas magistraturas han optado por utilizar plataformas digitales con la aparente finalidad de informar sobre las actividades que realizan y los trabajos que desarrollan dentro de sus competencias. Mediáticamente, esto representa un avance importante, porque por primera vez existe una noción más clara sobre quiénes integran el Tribunal Superior de Justicia, cuáles son sus funciones y cómo se desempeñan dentro de la estructura judicial.
Sin embargo, este nuevo escenario también abre una discusión delicada y profundamente relevante: ¿hasta dónde debe llegar la exposición pública de quienes imparten justicia? La legitimidad democrática derivada de una elección popular inevitablemente genera incentivos distintos a los que tradicionalmente caracterizaban al Poder Judicial. Antes, el perfil judicial privilegiaba la discreción institucional; ahora, la dinámica política y mediática parece empujar hacia una mayor visibilidad pública.
Ese cambio no es menor. Un juez o una magistrada electa no solamente carga con la responsabilidad de resolver conforme a derecho, sino también con la presión de construir percepción pública, posicionamiento e incluso aprobación social. Ahí es donde aparece uno de los principales riesgos de esta nueva etapa: que la comunicación institucional pueda confundirse con promoción personal o con estrategias de posicionamiento político rumbo a futuros escenarios.
La discusión resulta particularmente compleja porque el Poder Judicial no comunica igual que un ayuntamiento, un congreso o un gobierno estatal. La justicia tiene límites éticos y jurídicos específicos. El exceso de exposición puede comprometer la percepción de imparcialidad, mientras que el silencio absoluto fortalece la distancia entre ciudadanía e instituciones. Encontrar ese equilibrio será uno de los grandes desafíos del nuevo modelo judicial en Durango.
Otro de los cambios que apenas intenta encontrar forma y fondo tiene relación con la manera en que se deben informar las actividades jurisdiccionales. Aún parece estar en construcción un modelo de comunicación entendible, accesible y funcional para que la sociedad comprenda realmente la importancia del trabajo que se realiza dentro del Poder Judicial. Porque comunicar justicia no significa únicamente publicar fotografías de reuniones, eventos o actividades protocolarias; significa traducir resoluciones, explicar impactos sociales, transparentar procesos y generar confianza institucional.
En este punto, la prioridad no solamente debería centrarse en las figuras visibles de las magistraturas, sino también en el enorme trabajo operativo que realiza el personal jurisdiccional: secretarios, actuarios, proyectistas y trabajadores judiciales que sostienen diariamente el funcionamiento del sistema de justicia. Si verdaderamente se busca construir cercanía social, el modelo de comunicación debe enfocarse en explicar cómo funciona el aparato judicial y de qué manera sus decisiones impactan la vida cotidiana de las personas.
A menos de un año de esta transformación histórica del Poder Judicial en Durango, todavía es temprano para emitir conclusiones definitivas sobre el desempeño del nuevo esquema. No obstante, sí es posible afirmar que la relación entre justicia, política y comunicación ya cambió. El Tribunal Superior de Justicia dejó de ser una institución completamente silenciosa y comenzó a entrar en la conversación pública.
La gran pregunta será si esta nueva exposición servirá para fortalecer la transparencia, la rendición de cuentas y la confianza ciudadana, o si terminará convirtiéndose en un modelo donde la lógica mediática y la necesidad de posicionamiento personal desplacen la esencia técnica y autónoma que debe caracterizar a cualquier órgano jurisdiccional. Porque al final, la legitimidad de un Poder Judicial no se sostiene únicamente en votos, seguidores o presencia digital; se sostiene, sobre todo, en la credibilidad de sus decisiones.