Por: Felipe Correa
Dos caminos hacia la cercanía: el contraste de Betzabé y Susy
La Comarca Lagunera vive un momento político fascinante. Con Betzabé Martínez Arango al frente de Gómez Palacio y Susy Torrecillas Salazar en Lerdo, la región se ha convertido en un laboratorio de comunicación política donde conviven dos visiones distintas del servicio público. Lejos de ser una debilidad, el contraste demuestra que el liderazgo femenino actual no responde a un molde único.
Ambas alcaldesas comparten una premisa: el gobierno se hace en la calle, no detrás de un escritorio. Pero la forma de conectar con la ciudadanía revela dos estilos bien diferenciados. Martínez ha optado por un estilo movilizador y emocional, alineado con la narrativa de la «Cuarta Transformación»: bienestar social, combate a la corrupción y centralidad del «pueblo». Con herramientas como las Jornadas del Pueblo, LatiDatos o ColibrIA, proyecta un liderazgo joven y transformador que busca generar identidad y pertenencia, sin distinción aparente entre su figura como edil y como ciudadana.
Torrecillas, en cambio, ha edificado un estilo institucional y de gestión, donde la ideología cede paso a los resultados tangibles: obra pública, servicios eficientes y seguridad. Su comunicación se apoya en el despliegue territorial constante —recorridos en colonias, atención directa y programas como Trayectos Seguros— para proyectar a una administradora eficaz que inspira confianza a través de hechos medibles.
El punto de encuentro es innegable: para ambas, la presencia física en el territorio es el activo político más valioso, y ambas son protagonistas absolutas de la narrativa visual de sus gobiernos en redes sociales.
Prospectiva 2028
Vistos desde la sucesión estatal, estos estilos dejan de ser herramientas de difusión y se convierten en plataformas electorales. Martínez apuesta a la identidad de marca y la alineación vertical: al mimetizar sus códigos discursivos con la narrativa obradorista, no solo habla a nivel municipal, sino directamente con la cúpula y las bases de su partido. Su fortaleza radicará en movilizar el voto identitario mediante programas sociales y mística colectiva; su riesgo, la excesiva dependencia de la marca partidista y los vaivenes nacionales, que podrían imponerle un techo entre el electorado flotante no alineado.
Torrecillas juega la carta de la eficacia y la contención territorial. Su narrativa de «orden y resultados» busca proyectar madurez administrativa ante clases medias, sectores tradicionales y contribuyentes que valoran la estabilidad. Aspira a consolidarse como cuadro resolutivo y de consenso, capaz de articular gestión con el Estado y la Federación sin distinción de colores; su capital es la certidumbre. El desafío es que un liderazgo institucional puro suele carecer de la épica necesaria para encender campañas masivas en un ecosistema cada vez más polarizado y emocional.
El 2028 será el examen para ambas metodologías. La Laguna no necesita uniformidad en sus gobernantes, sino eficacia en las respuestas. El éxito no será de la narrativa más ruidosa, sino de quien traduzca su estrategia comunicativa en una estructura de confianza ciudadana capaz de trascender sus fronteras municipales.
La Palabra del Giocondo
El fantasma de Monsiváis y la política del casete perdido. Por: Alejandro Flores de la Parra En México hay...