POR: LILY ORTIZ
El nuevo rostro del priismo duranguense
Los cambios de dirigencia en los partidos políticos suelen ser un trámite interno que pocas veces trasciende más allá de la militancia. Sin embargo, de vez en cuando ocurre un relevo que, por su carga simbólica y por el momento político en que se presenta, merece una lectura distinta, y eso acaba de suceder en el PRI de Durango.
Daniela Soto y la doctora Fátima González conducirán al partido durante el periodo 2026-2030, hasta ahí, podría parecer una renovación más, pero el dato verdaderamente relevante es otro: por primera vez en la historia del priismo duranguense, dos mujeres encabezarán simultáneamente la dirigencia y secretaria del partido.
Y no se trata de un detalle menor.
Daniela Soto se convierte en la primera mujer presidenta propietaria del Comité Directivo Estatal; es decir, no llega para suplir a un dirigente ni para concluir un periodo ajeno, el mandato es suyo desde el inicio y será evaluado como tal. A su lado estará Fátima González en la Secretaría General, conformando una dupla que rompe con una tradición donde los principales espacios de decisión habían sido ocupados, casi de manera exclusiva, por hombres.
El otro mensaje también tiene lectura política, fueron la única fórmula registrada y, en consecuencia, fueron electas por unanimidad. Más allá de las interpretaciones que siempre acompañan estos procesos internos, el hecho refleja que el PRI llegó a esta renovación sin fracturas visibles y con acuerdos previamente construidos. En tiempos donde la división suele costar elecciones, la unidad deja de ser un discurso para convertirse en una necesidad estratégica.
La nueva dirigencia recibe un partido que todavía gobierna Durango, conserva presencia territorial y mantiene una estructura política competitiva. Pero también recibe un calendario electoral que pondrá a prueba su capacidad de organización.
El primer examen llegará en 2027 con la renovación del Congreso del Estado y de las diputaciones federales; será una elección clave para medir el músculo político del PRI y, sobre todo, para definir el escenario rumbo a 2028, cuando Durango celebrará la que muchos consideran desde ahora la madre de todas las elecciones: la renovación de la gubernatura y de las 39 presidencias municipales de manera simultánea.
No será un proceso cualquiera, será la elección que redefinirá el equilibrio político del estado para la siguiente década.
Frente a ese escenario, uno de los principales activos de Daniela Soto y Fátima González es la experiencia; cierto es que ninguna llega improvisando. Ambas han participado durante años en procesos electorales complejos, donde la política no se construye únicamente en las campañas, sino también en las mesas de negociación.
Les ha tocado dialogar, construir acuerdos y negociar con otras fuerzas políticas, particularmente con el PAN, aliado electoral del PRI en los últimos procesos. Conocen el costo de los desacuerdos y el valor de los consensos, y ese oficio político será indispensable en los años por venir.
Sin embargo, el mayor desafío probablemente no estará fuera del partido, sino dentro de él. Mantener cohesionada una estructura política siempre resulta más difícil que conseguir una candidatura de unidad. La dirigencia deberá equilibrar intereses, abrir espacios a nuevas generaciones, fortalecer la presencia territorial y evitar que la cercanía de las elecciones reactive las disputas naturales por las candidaturas.
El relevo también representa una oportunidad para enviar un mensaje distinto sobre el papel de las mujeres en la política. Durante décadas, la paridad fue una exigencia legal; hoy comienza a convertirse en una realidad dentro de los espacios donde realmente se toman las decisiones. La expectativa, sin embargo, no debe centrarse en el hecho de que sean mujeres, sino en la capacidad de demostrar que el liderazgo se ejerce con resultados, estrategia y visión política.
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