Más allá del ‘like‘: La política canina que nos falta
En la era del algoritmo, pocas cosas garantizan tantos likes, interacciones y retweets como una foto junto a un perro. Cada 21 de julio, los feeds de los actores políticos y las instituciones se inundan de publicaciones enternecedoras celebrando el Día Mundial del Perro. Sin embargo, la brecha entre la empatía digital y las políticas públicas reales sigue siendo abismal.
Según la Encuesta Nacional del Bienestar Autorreportado 2025, el 66.4% de los hogares en México tiene al menos una mascota. Entre las familias con animales de compañía, la preferencia es clara: el 58.7% convive solo con perros, un 24.8% combina perros, gatos u otras especies, un 11.8% tiene únicamente gatos y apenas un 4.6% posee otro tipo de mascotas.
El amor por las mascotas dejó de ser un asunto puramente doméstico para convertirse en un tema prioritario de salud pública, seguridad y cohesión social. La forma en que una sociedad trata a sus animales de compañía es un reflejo directo de la madurez de sus instituciones. No se trata solo de «querer a los perros», sino de entender el fenómeno urbano y social que representan:
El ciudadano de hoy es más exigente. Detecta con facilidad la demagogia de utilería que solo busca conectar con la emoción del elector sin ofrecer soluciones de fondo. El reto para los gobiernos y la clase política es pasar del marketing de simulación a la agenda legislativa y ejecutiva de impacto.
Celebrar el Día Mundial del Perro exige trascender la felicitación de ocasión. Cuidar a quienes no tienen voz es una responsabilidad compartida, pero exigir que la protección animal sea una política de Estado y no un adorno de red social, es obligación de todos.