POR: LILY ORTIZ
Cuauhtémoc Cárdenas y los tiempos cuando la política tenía palabra
Hay políticos que buscan el poder y otros que, aun sin alcanzarlo, terminan marcando la historia. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano pertenece a esa segunda categoría. Su historia política tiene una particularidad: nació y creció políticamente en el PRI, fue gobernador de Michoacán bajo esas siglas, pero tuvo el carácter de romper con el partido que durante décadas concentró el poder en México, cuando consideró que sus prácticas ya no respondían a una verdadera democracia.
En 1987 encabezó la Corriente Democrática y un año después protagonizó una de las elecciones presidenciales más controvertidas de la historia del país, y si; aquel 6 de julio de 1988, cuando el sistema de cómputo electoral se interrumpió en plena jornada de resultados, nació una frase que quedó para siempre en la memoria política de México: “se cayó el sistema”. Carlos Salinas de Gortari terminó siendo declarado ganador, pero la desconfianza, las denuncias de irregularidades y la sospecha de un fraude electoral acompañaron aquel resultado durante décadas.
Muchos siguen sosteniendo que quien debió llegar a Los Pinos era Cárdenas y no Salinas; lo cierto es que nunca se disiparon por completo las dudas sobre aquella elección y que el episodio marcó un antes y un después en la exigencia de democracia electoral.
Pero su historia presidencial no terminó ahí; buscó nuevamente la Presidencia en 1994, frente a Ernesto Zedillo, y en el año 2000, cuando Vicente Fox consiguió la alternancia. Tres candidaturas, tres intentos y una trayectoria que no se limitó a la ambición de ocupar el máximo cargo político.
De aquella ruptura con el priismo surgió una nueva fuerza: el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que Cárdenas ayudó a fundar en 1989 y que durante años representó una alternativa de izquierda frente al poder establecido; una izquierda con discurso, organización, principios y una identidad política que hoy parece haberse diluido, mientras el partido que la representó terminó perdiendo su registro nacional.
Y aquí es inevitable una pregunta: ¿qué pasó con aquella izquierda?
La que llegó al poder con la promesa de transformar al país, combatir la corrupción y colocar primero a los sectores más vulnerables hoy también enfrenta cuestionamientos. Casos como Segalmex, los señalamientos sobre opacidad y concentración de poder, la militarización de tareas civiles y una crisis de desapariciones que continúa golpeando a miles de familias obligan a revisar sus resultados y su congruencia. No son problemas exclusivos de una corriente política, pero sí responsabilidades que no pueden evadirse desde el gobierno.
Quizá la diferencia está en que una cosa es construir una oposición alrededor de ideales y otra muy distinta es ejercer el poder sin terminar reproduciendo aquello que antes se cuestionaba.
Cárdenas también tuvo diferencias con la izquierda que llegó después y tomó distancia de los nuevos liderazgos; su trayectoria recuerda que pertenecer a una corriente política no tendría que significar obediencia incondicional ni renunciar a la crítica.
Hoy parecen escasear políticos con ese temple para romper con su propio partido, sostener una convicción aun cuando eso implique perder posiciones y anteponer una causa colectiva a los intereses personales.
La política no debería tratarse solamente de llegar al poder, sino de tener la palabra para sostener aquello que se prometió antes de alcanzarlo.
Y tal vez esa sea una de las preguntas que deja su historia: ¿la izquierda que hoy gobierna México sigue representando aquellos ideales por los que alguna vez se desafió al sistema, o terminó convirtiendo el poder en su principal propósito?
Cuauhtémoc Cárdenas no fue presidente de México; pero sin duda, hay elecciones que se pierden en las urnas y personajes que, con el paso del tiempo, terminan ocupando un lugar permanente en la historia; y de esos políticos son de los que hoy carece México.